Piensa y Adelgaza

Billy no para de bailar

A mí me gustaría bailar para sacar el cabreo como esa gran escena en la que un Billy Eliot enfadado se recorre media ciudad bailando. Está claro que es lo mejor de la película, un niño frustrado que ha luchado tanto para mejorar en lo que verdaderamente le gusta, que ha bregado con la incomprensión de su familia, con la idea sobre los roles masculinos en la sociedad estancada en la que vive, donde a un niño que le gusta el balet tiene, por fuerza, que ser tildado de homosexual… y después de tanta lucha, llega un enfado que no tiene nada que ver pero que concentra toda la ira no manifiesta y entonces Billy hace magia con su rabia convirtiéndola en una excepcional coreografía… no te contaré más de esta brillante película pero sí te diré que sólo por esa escena merece ver la película aunque, por supuesto, toda la película merece la pena.

No sé si eres de esas personas a las que les gusta el cine con mensaje o si eres de esas personas que simplemente quieren ver una película que no les complique mucho y si es así, a lo mejor Billy Elliot te aburre soberanamente y no voy a ser yo quien lo critique, no sólo porque estás en tu derecho más absoluto sino porque a mí también me gustan las películas sencillas… me encantan, por ejemplo, las películas infantiles.

Te contaré algo gracioso.

Hace muchos años trabajé en el Rick & Rock de Alcampo y concretamente en el centro que está en La Vaguada, en Madrid. No sé si sabes lo que es el Rick & Rock: Es un pequeño centro de ocio para los niños de los padres que van a comprar en el Alcampo. Allí juegan con juguetes de todo tipo: muñecos, videojuegos, coches, plastilina… en fin, todo aquello que Alcampo vende para niños, éstos lo pueden probar en el Alcampo y si lo piensas, es una gran idea comercial, además de permitir que los padres compren tranquilamente sin que sus hijos les entorpezcan en sus decisiones pulidoras de salario.

Parece que fuera una eternidad cuando yo trabajaba en Rick & Rock. Teníamos un televisor con un DVD y poníamos las películas de niños que había en el momento. Por aquellos entonces estaban de moda “Harry Potter y  la piedra filosofal”, “Monstruos SA”, “Buscando a Nemo” y “Las  Supernenas”. En aquellos años me aficioné al cine infantil…. Bueno ¡miento! Yo he visto cine infantil toda mi vida.. y es que me fascina, pero en aquel momento me di cuenta de que habían inventado un cine infantil nuevo, un cine que era capaz de encandilar a niños y a padres y los dos grandes ejemplos eran Monstruos SA y Buscando  a Nemo. Como escritora de libros para adultos, descubrí que eran sorprendentes aquellas películas.  Me recuerdo a mí misma ensimismada juntos a los niños viendo aquellas obras de arte… bueno, salvo cuando tenía que poner “Las supernenas” que eran unos dibujos animados espantosos… no sólo por el dibujo (lineal y grueso, falto de dimensiones) sino por el desagradable tono agudo de las protagonistas. Aquello podía romper el tímpano de cualquiera. Además, me daba cuenta de que cuando les ponía “Las supernenas” a los niños, éstos se volvían nerviosos y gritaban más y saltaban más… era una película que les alteraba los nervios a los niños.

Estás en tu derecho a que no te guste Billy Elliot pero permíteme explicarte por qué a mí me gusta tanto: “Billy Elliot”, “En Busca de la Felicidad”, “Rocky”, “Million Dollar Baby”, “Cinderella Man”, “Flashdance”, … todas estas películas tienen algo en común, algo de lo que quiero hablarte hoy y es que sus protagonistas luchan contra todo y contra todos para hacer aquello que aman.

Hace muchos años yo tuve un novio para quien era primordial que ambos, él y yo, tuviéramos un cuerpo estupendo. Durante toda nuestra relación trató de empequeñecer mi talla y controlaba todos mis alimentos así como trataba de que hiciera ejercicio. Hubiera estado bien, si esos controles hubieran estado relacionados con un deseo personal mío pero en realidad, era una necesidad de él que yo fuera una persona delgada. Supongo que, de lo contrario, se sentiría avergonzado por tener una mujer obesa por novia. Muchas de mis inseguridades nacieron de aquella relación y creo que, gracias a todas las cosas que me han pasado después, ya no quedan resto de aquellas inseguridades.

Recuero que una vez se me ocurrió una idea. Una idea que era estupenda y que quiero compartir contigo que, además, sigue vigente en mi cabeza y de esa misma idea nació “La charlimarcha”.

Para explicarte esta idea aún tengo que remontarme más atrás. Cuando yo era adolescente, aprendí a tocar la guitarra con una profesora que me enseñó cuatro acordes. Entonces me di cuenta de que no se necesitaban una formación de carrera para enseñar a otras personas a tocar la guitarra y me dediqué a dar clases para niños y durante toda mi adolescencia gané bastante dinero enseñando a niños a tocar la guitarra. Pero lo más sorprendente de aquello es que fueron los años donde más aprendí yo. Así que, en aquel momento, supe que la mejor manera de aprender era enseñando porque cuando tratas de enseñar a otro, tratas de acortarle el camino del aprendizaje y sin querer te acortas tu propio camino, encuentras atajos al tratar de transmitir a otros tus conocimientos.

Aquella idea que se me había ocurrido era la de convertirme en una entrenadora personal para otras personas “en proceso de adelgazar”. De esta forma, yo encontrarí la manera de adelgazar para mí y a la vez ganaría dinero y tendría un gran aliciente.

Al compartir mi idea con aquél novio, éste me dijo una frase que nunca he podido olvidar y que ahora ya ni siquiera la interpreto con enfado porque creo que tiene mucho que ver con las inseguridades que él tenía.  Me dijo que yo no podría entrenar a otra persona porque para eso había que tener un buen cuerpo y que no era mi caso.

Hoy por hoy sé que tengo el cuerpo más estupendo del mundo y que he hecho una promesa con él y es que lo voy a cuidar todo lo que pueda porque es mi vehículo en esta vida y me da muchas satisfacciones, me permite la existencia y me mantiene con vida. Tengo una máquina estupenda y la adoro más que a mi coche al que llamo, por cierto, Papichuli. ¿Tú has bautizado alguna vez  a tu coche? Pues yo sí… así que ya te puedes imaginar que si quiero tanto a mi coche como para personalizarlo cuánto más a mi cuerpo, mi gran vehículo que me permite pasearme por este planeta.

Pero que él despreciara mi cuerpo no es lo más torpe de esa frase. Lo más torpe de esa frase es pensar, como hacemos muchos de nosotros, que una persona obesa no puede ayudar a otra para superar obstáculos relacionados con la búsqueda de resultados en cuanto al peso.

No sé si te acuerdas de cuando estudiábamos en filosofía la falacia de autoridad, y aquí voy de erudita de pacotilla con este latinajo: Argumentum ad hominem

La falacia de autoridad viene a referirse al hecho de que consideramos falso un mensaje debido a la falta de autoridad del mensajero. También ocurre lo contrario y estaríamos hablando de Argumentum ad baculum que viene a referirse al hecho de que damos por verdadero cualquier chorrada que diga alguien con autoridad.

Pues bien, aquel novio que ya he perdonado, cometió la falacia del argumentum ad hominem dando por hecho que yo no podría dar buenos consejos a personas obesas porque yo no era una persona delgada aunque, tiene gracia, en aquella época era mucho más delgada que ahora. De hecho era una persona normal, estaba en mi peso pero a él siempre le parecía poco.

Te diré algo importante. Un día, una amiga mía me invitó a una clase de spinning. Yo he hecho deporte toda la vida aunque no lo parezca, he sido balonmanista casi profesional, he jugado al baloncesto, natación, he pasado largas temporadas haciendo aerobic, running (aunque cuando yo lo hacía era footing), danza (básicamente danza oriental aunque también he hecho algo de danza india, liquid dance, que me encanta y hasta he intentado algo de flamenco aunque apenas mencionable)… De hecho, ella me invitó porque yo le había invitado a ella a una clase de funky…  pero nunca había hecho spinning y estaba más acostumbrada a un ejercicio más bien moderado. Cuando me metí en aquella clase, que es pedalear a tope, me acordé de toda la parentela del monitor que, encima, no permitía que la gente parara en su clase. Durante una semana no pude moverme, subir escaleras, sentarme… ¡temí que me hubiera lesionado los músculos de las piernas!

Y es que si nunca te has puesto ¿cómo se te ocurre intentar escalar el Everest? ¿No sería mejor empezar por la cuesta de tu casa? Pues con los entrenadores es lo mismo.

Con mi obesidad actual ¿sabes a quién podría ayudar mejor que un entrenador de élite? Pues a una persona que sufre obesidad mórbida. Yo estoy más cerca de esa persona y además conozco mejor su sufrimiento y le puedo ayudar a subir el siguiente escalón. Yo soy la persona perfecta que podría enseñarle a disfrutar de un buen paseo, de una buena caminata llena de positivismo y de alegría.

Si alguien que tiene una vida excesivamente sedentaria, trata de hacer un cambio en su vida y contrata a mister musculitos y éste le pone a pegar patadas a un neumático de un tractor ¿cuánto tiempo crees que podrá aguantar? Sin embargo, si avanza con una persona que ya ha dado el paso de incorporar en su rutina diaria el ejercicio, y comprende las dificultades de la adaptación a una nueva vida, y que sabrá con más certeza, qué trucos le ayudaron a hacer ese pequeño cambio. Y puede que más tarde necesite a un mister musculitos… pero la primera persona que necesita es a alguien que puede comprender sus dolores, su cansancio, su tristeza y que tiene herramientas útiles para romper estas inercias.

Si yo tuviera dinero, yo habría contratado aquella Ana Isabel y estoy segura de que me habría ayudado muchísimo, porque dos personas, aunque no tengan una gran diferencia entre ellas, son capaces de animarse mutuamente a romper los límites de la zona de confort.

No renuncies a tus sueños, por favor, has venido a esta vida para cumplirlos. Si yo hubiera hecho caso omiso de las palabras de aquel novio inseguro, ya perdonado y me hubiera puesto a ayudar a las personas a hacer ejercicio ¿qué habría sido de mi vida? ¿Seguiría con sobrepeso? Nunca lo sabremos pero sí sabemos una cosa, sabemos que algunas personas de este mundo se quedaron sin ayuda porque nunca me lancé a prestarla y sabemos que habría aprendido muchas cosas de la experiencia, cosas que he dejado de aprender.

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Quiero compartir contigo la gran lección de mi vida. Hay que ejecutar los sueños pase lo que pase. Da igual las consecuencias y ¿sabes por qué? Porque todo tiene consecuencias, todo te puede llevar al éxito o al fracaso, todo te puede llevar  a callejones sin salida, todo te puede salir bien o salir mal. Sin embargo, cuando tratas de cumplir tus sueños vives en la eterna ilusión. Y da igual si al final del camino está o no la felicidad. Cuando trabajas por tus sueños la felicidad te acompaña hoy y cuanto más tiempo dediques a tus sueños, al final de tu vida, sólo computará, el tiempo que fuiste feliz tratando de alcanzarlos, haciendo lo que más te gusta, trayendo hoy y aquí aquello para lo que has nacido. Si postergas tu felicidad por cuestiones de sensatez, habrás hipotecado la posibilidad de ser feliz hoy.

No importa que te salgan bien las cosas. Lo importante es que lo que haces te hace feliz. No importan las consecuencias… el peor de los escenarios sigue siendo feliz cuando eres tú mismo y haces lo que sueñas. Si tu pareja amenaza con abandonarte… ¿qué más da? Ya encontrarás un compañero o compañera que te ayude a cumplir tus sueños. Si tu familia no te apoya en tus proyectos… tú sigue porque al final, cuando el éxito se materialice, cambiarán de opinión.

Cumple todos y cada uno de los sueños de tu vida y prescinde de tus miedos porque tus miedos sólo son humo…  ni siquiera puedes saber si van a producirse… son hipótesis que sólo tienen sustento en tu cabeza… la vida no te garantiza que tus miedos aparezcan… y si no, contéstame a esta pregunta ¿cuántas veces has mirado debajo de la cama y has comprobado que el monstruo no estaba.

 

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