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Los malos regalos de Marnie

Transcripción:

Antes de hablar de los malos regalos de Marnie quiero hacer dos apuntes que he aprendido esta semana y de los que me apetece mucho hablar porque, como ya os dije, quiero añadir en este podcast información útil para alcanzar nuestros objetivos y por eso quiero recomendaros un podcast que me ha encantado que se llama “Mitos sobre el vegetarianismo” con  Lucía Martínez y su blog “dimequecomes“. En este podcast ella habla de los mitos más comunes de quienes atacan el vegetarianismo y responde a dos cosas que yo te comenté en un podcast anterior sobre el veganismo. Te dije, por un lado que las plantas sienten y por otro, que si todos nos hiciéramos veganos, tampoco ayudaríamos a los animales porque habría más terreno para cultivo.  Y quiero plantear una cosa que dice ella que me ha parecido muy lógica y es el hecho de que los animales destinados a ser nuestro alimento, comen plantas y, por tanto, las plantas no dejan de sufrir si apostamos por el alimento animal y muchos campos están dedicados al engorde de animales. Y me quedo con esas ideas, las añado a mi repertorio de buenas razones para plantearse, por lo menos, el ovovegetarianismo y no digo el ovolactovegetarianismo porque no me termina de convencer.

Otra cosa que quiero corregir el uno de mis estímulos, el de hipopresivos porque he escuchado cómo se hace un hipopresivo básico y no es exactamente el ejercicio que os propuse aunque el que os propuse es un ejercicio de la danza del vientre y eso sí lo sé porque yo he dado clases y lo he hecho muchas veces. Pero los hipopresivos combinan respiración y, por tanto, son más complejos. Así que le cambiaré el nombre al de hipopresivos y lo llamaré ejercicios de vientre o algo así. Os recuerdo que en Trebolarium podéis comprar a un euro los estímulos para luego hacer vuestras rutinas si os apetece. Valen un euro y no cincuenta céntimos como yo quería,  porque paypal me cobra 65 céntimos. Pero vamos, que no necesitáis comprarlos porque, como sabéis, después de cada capítulo tenéis un estímulo gratuito.

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Para hacer un hipopresivo básico, os indico los pasos a seguir:

Primero. Respiráis con la nariz.

Segundo: expiráis con la boca hasta vaciar el vientre.

Tercero. Cuando esté el vientre bien metido, os tapáis la nariz y la boca y tratáis de respirar. Automáticmaente os sale un hipopresivo básico…. Pero no estéis mucho tiempo sin respirar.

Y ahora sí, vamos a hablar de una Marnie guapísima, encarnada por una actriz que se llama Tippi Hedren, más conocida por su interpretación en la película “Los pájaros” de Hitchcook y por ser la madre, en la vida real, de Melanie Griffith. Tippi hace una segunda y última película con este grande del cine, Hitchcook, interpretando a una cleptómana que trabaja en empresas como secretaria para robar en sus cajas. Un guapísimo Sean Conery (otro que hizo pacto con el diablo porque no ha dejado de ser guapo nunca), hace de salvador de la pobre Marnie, traumatizada en la niñez.

Tiene una madre un tanto esquiva y cuando ella le hace un regalo muy caro, la madre lo rechaza sibilinamente como si todo lo que viniese de su hija, no fuera de su agrado. Daba igual el valor del regalo. La hija siempre sentía que su madre rechazaba su regalo.

Desconozco cómo hubiera reaccionado la madre si en vez de una estola de piel le hubiera regalado un ático en el centro de la ciudad pero todo parecía indicar que la madre simplemente rechazaba a la hija. De hecho es curioso cómo el pelo rubio de Marnie parece ser vulgar y sin embargo, la melena rubia de la niña de la vecina, es precioso.

Nunca entenderé a esos padres que rechazan regalos de sus hijos y nunca entenderé a esos padres que jamás reconocen los méritos de sus hijos. Algunos piensan que es por su bien, para que se esfuercen más pero no puedes tener a un borriquillo delante de una zanahoria de por vida… de vez en cuando, debes dejar que se coma la zanahora, que crea en sí mismo y en sus capacidades.

¡Cuántas barbaridades hacemos pensando que puede ayudar a nuestros hijos! Los comparamos con otros, impedimos que valoren sus virtudes, les sacamos continuamente sus defectos… y encima no les damos las herramientas que necesitan de verdad para avanzar en el mundo.

Como sabéis, porque ya os lo he contado alguna vez, yo he tropezado con la ruina económica y para mí ha sido un fastidio, por supuesto, pero también una bendición porque todas las cosas importantes que he aprendido en mi vida las he aprendido en mis grandes tropiezos que puedo decir que he tenido dos, en uno tropecé con una pareja maltratadora y por eso escribo mucho en ese terreno y trato de ayudar en lo que puedo y, por otro lado, pues me vino la roya, como diría un colombiano, según mi telenovela preferida. Un día estaba pensando sobre todo esto y considero que debería haber aprendido antes lo que ahora sé ya tendría superada mi ruina económica.

Yo no tengo hijos y he llorado mucho por eso pero ahora con el tiempo agradezco que haya sido así porque no me imagino una vida de escasez o de maltrato, con un hijo… así que me considero una NoMo (No Mother) fortuita aunque afortunada. Sin embargo, si la vida me hubiera permitido tener hijos, sabría perfectamente lo que le tengo que enseñar para ser un adulto feliz y lo primero que le enseñaría es a buscar y cumplir sus sueños. Hasta sé perfectamente qué tendría que hacer para enseñárselo, en qué manera podría ayudarle y sobre todo qué no haría (y entre otras cosas, lo que nunca haría es enfocarme en sus defectos en vez de en sus potencialidades).

Precisamente hoy estaba estudiando sobre el maltrato en las escuelas, algo de lo que tendremos que hablar porque los niños con obesidad son maltratados en los centros escolares y no entiendo cómo no se lucha ya contra eso. La gente quiere combatir el bullying de los niños con obesidad haciéndoles adelgazar… pero, bueno, no quiero irme más por las ramas de lo que ya me he ido.

Pues el caso es que he llegado a la conclusión de que detrás de muchos actos de rebeldía, de pasotismo, de desprecio por la sociedad… a lo mejor lo que hay es un bullying encubierto. Un niño no actúa con violencia porque ha llegado a la adolescencia y ya está… un niño difícil muy posiblemente sea un niño herido… y la vulnerabilidad de los niños es tan grande… hay tantos potenciales agresores de un niño que nunca deberíamos considerar que nuestro hijo está a salvo… hay muchos monstruos que comparten techo con los niños y nunca están debajo de la cama.

Por eso lo que no puedo enseñarle a un hijo, me encantaría enseñarlo a padres y he creado un curso que he llamado “Educar en el éxito” donde doy claves sobre cómo educar en la riqueza, cómo dar herramientas a un niño para defenderse de los acosos, cómo ayudar a un niño a cumplir sus sueños y sólo los suyos…

Si hubiera más niños educados en la felicidad, habría menos adultos infelices… y esto no está en los programas escolares… al menos en los que me educaron a mí.

Pero este audio no va de padres que rechazan equivocadamente según mi punto de vista, los regalos de sus hijos. Va de buenos y malos regalos.

Y deberíamos diferenciar entre los regalos que nos hacen y los regalos que nos hacemos a nosotros mismos porque el nivel de exigencia debería ser bastante diferente.

Deberíamos hacer enormes fiestas cuando alguien nos regala algo y ¿sabes por qué? Porque cuando alguien nos regala algo, lo hace porque nos quiere y porque le gusta que se lo agradezcas y no hay nada de malo en darle el gusto. Es más cuanto mejor se sienta, más grande y más bonito será el próximo regalo. Eso sí, tienes derecho a que si el regalo es gastronómico le des las gracias, le hagas sentir muy bien porque lo ha hecho con cariño y le digas que se lo agradecerás mucho más si en vez de regalarte comida te regala cualquier otra cosa.

Yo lo he hecho. Yo he comprado comida a mis seres queridos. He visto algo que sé que les gusta y si me ha pillado con dinero, les hecho regalos culinarios, la mayoría de las veces, dulces… y si regalas dulces por amor es porque inconscientemente, asocias el dulce con el amor.

El otro día escuché a Odile Fernández, una médica (por cierto granadina) que ha escrito un libro genial que se titula “Mis recetas anticáncer” basadas en estudios médicos, que conste. Odile decía que a los niños no les gusta la verdura porque, según un estudio que mencionó, están genéticamente predispuestos a apostar por los alimentos dulces porque tienen más energía y les facilita una alimentación sin carencias energéticas y que esto viene de cuando comíamos alimentos naturales y los dulces también eran naturales, como la fruta, los tubérculos dulces etc.

Por eso el dulce, la infancia, el amor de las madres… todo eso está unido por fuertes hilos emocionales que hace que entendamos que dar dulces a quienes amamos es una forma de darles lo mejor de nosotros, nuestra protección, nuestro cariño o nuestra forma de decir que hemos pensado en esa persona. Así que como regalo está cargado de amor pero deberíamos invitar a los que nos regalan alimentos amorosos a que nos regalen alimentos que nos hacen bien u otro tipo de regalos, haciéndoles ver que entiendes todo el amor que hay detrás de ese regalo, un amor que reconocerás y valorarás cuando el regalo no sea un dulce. Hay que darle el valor que tiene pero también debemos educar a nuestros familiares para que nos ayuden en todas las facetas, incluida la de los regalos.

Luego están los regalos que tú te haces a ti mismo y ahí debes ser implacable… por supuesto que tienes que hacerte regalos porque tú lo vales. Es más, deberías hacerte regalos al margen de tu situación económica, de tu situación laboral, de tu situación psicológica o de salud o de cualquier situación. Te regalas porque mereces regalos. Existes porque con tu presencia el mundo es mejor y por eso te mereces todos los regalos del mundo. Piensa en todas las cosas que ocurren gracias a ti, en todas las personas a las que haces o has hecho feliz en el mundo, en todas las cosas valiosas que has fabricado y en todas las cosas increíbles que has resuelto… y por eso te mereces todos los regalos del mundo… incluido los dulces pero como los dulces no los necesitas porque quieres una vida más saludable voy a compartir contigo los regalos que podrías hacerte cada vez que te lo has ganado en vez de alimentos:

  1. Suplementos: te parecerá ridículo pero a mí me encanta probar con suplementos herbales distintos aspectos y cuando me entra dinero me compro algo que quiero probar: helicriso para la alergia, ginkgo para la memoria o la circulación, reishi para el sistema inmunitario… me compro cualquier cosa que me apetece menos los suplementos para adelgazar… otro tema del que te hablo en el libro pero todavía no hemos tocado apenas en los podcast y del que creo que tengo mucho que hablar porque los he comercializado. Hablaremos de su efecto psicológico y su nocivo efecto en el cambio de rutinas cuando los incorporas.
  2. Cosas femeninas: yo he sido una hippie toda la vida. Me gusta la belleza casual pero ahora, cuando quiero hacerme un regalo, me regalo maquillaje, elementos para el pelo, cosmética, colonias, ingredientes para hacerme mi propia cosmética natural… esas cosillas que tanto nos gusta a las mujeres.
  3. Me regalo libros, por supuesto, libros y cursos que me van a ayudar a superar algo. Me regalo enseñanzas valiosas en todos los aspectos que necesito mejorar.
  4. Me regalo publicidad para mis cursos, mis libros… es decir, le hago regalos a mi talento.
  5. Me regalo ropa o elementos que me favorecen físicamente porque, las personas que estamos en proceso, jamás deberíamos abandonar nuestro físico sólo porque no entramos en una talla. En la medida en la que puedas embellece tu cuerpo porque la obesidad no es toda la belleza de un cuerpo y no deberías olvidar eso… yo a veces lo olvido pero me lo recuerdo para recordártelo a ti.
  6. Me regalo bienestar: procuro no pasar frío, no pasar sueño, no pasar incomodidades…. Todo lo que me pueda ayudar a estar mejor… es objeto de regalo.
  7. Me regalo ayudas para conseguir mi peso…. Todas las ayudas posibles menos suplementos para adelgazar y estos regalos pueden ser: libros, objetos o ropa para hacer deporte, clases de cosas divertidas (bueno, esto me lo regalaría con más frecuencia si me fuera posible pero lo añado porque no se es pobre toda la vida, algún día uno se levanta).
  8. Me regalo alimentos sanos, alimentos que son caros pero que sé que vienen bien.

Nunca me regalo objetos. Procuro regalarme experiencias, buenos ratos porque en mi vida he hecho 16 mudanzas y una fuga (lo de la fuga ya te lo contaré algún día) y estoy harta de cargar cachivaches que con el tiempo no sirven para nada.

Así que cuando estés muy feliz porque tu balanza te haya dado una buena noticia… ¡no te regales comida dulce! Regálate un peinado o un corte moderno en la barba si eres hombre (acuérdate de que los hombres con perilla siempre están guapos), o un tratamiento blanqueante para los dientes o unas pestañas postizas o un bautizo en el cielo que te juro que si yo pudiera… ya estaría pilotando… por cierto, a ver cuando alguno de vosotros inventáis ya la biciglobo y me regaláis alguna para que sobrevuele sobre la costa de aguadulde… qué chulo sería eso. Ahora he visto un anuncio que publicita un dron con cabina… ¡yo quiero uno! Por favor, un ricachón que me escuche… que me regale un dron con cabina o por lo menos que se compre uno y que me lo preste de vez en cuando…

Pero, eso sí, no dejes nunca de hacerte regalos a ti mismo porque la vida es dura, has pasado por mucho, has superado muchas cosas, eres fuerte… así que te mereces un premio.

Rose aprende a leer

Transcripción del audio:

Todos la conocemos como Rose… nos pasa con ella lo mismo que me pasa a mí con Remington Steele… que la conocemos mejor por el nombre que tenía en la película Titanic.  Su verdadero nombre es Kate Elisabeth Winslet, una actriz británica que apuntaba maneras mucho antes de Titanic, (obvio, si no, no la habrían contratado para la película) y a quien el éxito de Titanic opacó, a mi parecer, el talento de Kate. Pero afortunadamente llegaron películas menos exitosas que permitieron descubrir a la gran actriz que es. Kate ha aprendido el método Dicaprio muy bien ¿te acuerdas cuando te hablaba del método Dicaprio? Básicamente consiste en mejorar y mejorar infinitamente.  Ella ha hecho lo mismo. Ha perfeccionado su técnica de interpretación con los años.

De entre todas sus películas posteriores, personalmente la que más me ha gustado es “The reader” ¡Qué increíble película y qué interpretación tan magnífica la de Rose!

Y aviso… a partir de este momento Spoiler

¡Atención! ¡Spoiler!

La historia de “The reader” es de un chico que conoce a una agente de la SS con la que tiene una relación donde ambos personajes se intercambian experiencias. Ella le pide a él que le lea libros y él…. Cómo lo digo, se inicia en el sexo con ella pero no en el sexo sucio sino que es más bien una relación entre alguien que conoce y un pupilo que quiere aprender… no es exactamente amor, pero tampoco es una relación meramente sexual.

Cuando este chico se hace adulto y la guerra termina, estudia derecho y como práctica asiste a un juicio de guerra donde, casualmente, ella está siendo juzgada. La juzgan por el incendio de una iglesia donde murieron muchas prisioneras menos la sobrevivientes que formaban parte de la acusación. Todas las mujeres responsables del incendio negaron su responsabilidad menos Hanna, el personaje que interpreta Kate porque, para no soportar la vergüenza de hacer saber a todos  que era analfabeta, admite como suya la responsabilidad del informe del hecho, que es la prueba determinante que la culpa y que la hubiera exculpado si hubiera dicho que no sabía leer. Y dejo aquí mi spoiler, no te cuento más de la historia aunque en realidad te he contado el punto clave, lo más importante.

Y me he acordado de este momento, cumbre en muchos aspectos del cine, cumbre en la película y cumbre en la interpretación de Winslet, para abordar un tema que me ha propuesto Cheles esta semana, un tema que es verdad que no había tocado hasta entonces. Cuando me lo planteó pensé que a mí no me ocurría… eso es lo que pensé al principio pero después empecé a analizar mi pasado, y descubrí que sí que me pasa.

Cheles me comentaba que a veces, cuando estás “en proceso” y no consigues tu peso, te da vergüenza de comer en público aunque sean alimentos supuestamente sanos.

Cuando descubrí que sí me pasa es cuando voy a casa de mis padres. Los quiero enormemente, son geniales, y están muy preocupados por mi peso y tratan de ayudarmen en lo que pueden… así que personalmente, me da vergüenza comer delante de ellos alimentos que no son de dieta. Ellos han hecho algo que no todas las familias hacen y es que cuando nos juntamos todos, ellos ponen alimentos sobre la mesa que no son de dieta otros que son de dieta por mí para que yo pueda participar de la reunión con alimentos sanos.

Y es que la mayoría de las familias, cuando hacen una fiesta o una reunión familiar, no siempre tienen presente las necesidades nutricionales de todos los integrantes de la fiesta y creo que para ayudar a los nuestros, para ayudarlos de verdad, y no de boquilla, deberíamos tener muy presente sus necesidades nutricionales a la hora de preparar una comida familiar.

¿Qué es lo que nos pasa por la cabeza cuando toca comer en público y nos van a mirar. A mí lo que me pasa por la cabeza es pensar que si como delante de otros voy a confirmar lo que creo que piensan de mí. Es decir, si yo estoy visiblemente obesa, bueno, ya sabéis, en proceso hacia la delgadez, y me ven comer, yo creo que van a pensar que no me puedo controlar, que como demasiado y que confirmo las ideas que yo creo que tienen sobre mi control sobre la comida.

Lo que yo creo no tiene por qué darse pero en parte se corrobora con la actitud y los comentarios de algunos familiares o amigos. Por ejemplo, un día estaba en una reunión con unos amigos y una chica no podía terminar su plato y me lo dio a mí para que yo me lo terminara. Educadamente le dije que no quería pero en el fondo me molestó muchísimo porque yo no soy el basurero de nadie y yo no tengo por qué comerme lo que a otro le sobra y me molestó que pensara que yo desearía terminar con mi plato y seguir con el suyo. Así que sí, puede que nuestras creencias concuerden con la realidad.

Me acuerdo que hace muchos años yo distinguía entre vicios nobles y vicios innobles. Para mí los vicios nobles eran aquellos que, sin dejar de ser vicios, no te ridiculizaban, como por ejemplo fumar… es posible que los demás te adviertan de que fumar mata pero nadie se mofa de ti. Sin embargo, comer, para mí, era un vicio innoble porque despertaba las risotadas de los demás.  Supongo que, por eso el personaje que interpreta Kate Winslet en The Reader, prefiere…. ¡meg meg! ¡Atención spoiler! La cárcel al hecho de que todos sepan que no sabe leer.

Cuando comemos en público nos exponemos ante los demás a que se rían de nosotros, a que nos regañen en público para que dejemos de comer, a que alguien corrobore que, claro, así come, así está…

Precisamente ayer escuché un podcast sobre cómo hablar en público  y decía que muchas veces nos da miedo hablar en público porque nos da miedo que nos juzguen pero que pensar así era absurdo porque continuamente somos juzgados.

“Prefiero pedir perdón a pedir permiso” esa frase la escuché hace mucho tiempo y a menudo la trato de recordar para no olvidarme de que exponerte, además de inspirar burlas, juicios, regañinas etc… abre puertas, te permite seguir en tu camino, te hace conquistar metas, te hace lograr objetivos, te hace superar problemas…

Hacer cosas al margen de los juicios ajenos te permite alcanzar logros que están vedados a quienes no quieren cruzar la línea de los prejuicios. Lo que piensen los demás sobre cómo te ven físicamente, sobre cómo deberías comer o sobre cómo deberías comportarte en la mesa, no debe impedirte hacer lo que tienes que hacer para sentirte bien contigo y con tu cuerpo. Cada vez que tengas un alimento en la mano a punto de ingerirlo siempre habrá alguien que te diga que está mal, aunque sea una penca de apio y si te pones a pensar, todos los alimentos tienen algo bueno y algo malo: las zanahorias, tienen bastante azúcar natural, el apio, tiene demasiado socio, el tomate tiene fama de crear ácido úrico (aunque no estoy segura de si es creencia o real), y las espinacas crean piedras en el riñón.  Lo importante no es lo que los demás piensan sobre cómo estás haciendo las cosas sino que tus teorías y su aplicación tengan un efecto beneficioso para ti.

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Si alguien te ve comiendo almendras, es posible que te diga eso de “las almendras engordan”… pero tú sabes que es un alimento saciante, que tiene una enorme fuente de calcio, que es rica en todo tipo de nutrientes beneficiosos para tu salud y que puedes tomarla en pequeñas cantidades, siempre en crudo y, por supuesto, que cinco almendras es veinte veces mejor que un donut.

Si fueras un figurín no te importaría comer en público así que ¿qué es realmente lo que te da miedo? Pues que te juzguen.

Pero, te advierto, si te da miedo que te juzguen por sobrepeso, pensarás que una vez que lo soluciones, otro tipo de juicio parará tus pies: no bailarás porque te dará miedo que se rían de ti, no cumplirás tus sueños porque te dirán que eres un iluso, no rechistarás a tus jefes porque te dará miedo a caerles mal, no defenderás tus derechos como Hanna si el contrapeso es pasar vergüenza.

Hace tiempo vi un reportaje sobre una niña que se suicidó porque la acosaron en internet y le dañaron su imagen. La madre de esta niñá emprendió una campaña para combatir el acoso en las redes sociales… te advierto una cosa, nos encanta juzgar y el acoso seguirá existiendo… lo que sí debemos enseñar a nuestros hijos es a aportar por su valía, por su talento y por sí mismos. Aunque reciban juicios de todo el mundo debemos enseñarles a afrontar esa posible situación.

Te recomiendo otra película, yo diría que es justamente el caso contrario de “The Reader” y se titula “La mujer más odiada de América”. Está basada en hechos reales sobre una mujer que se ganó el odio de todo un país y que vivió con ese odio toda su vida y ya no te contaré mucho más pero sí te la recomiendo porque hacer lo que tienes que hacer en esta vida, lo que has venido a hacer para conquistar tu felicidad, pasa por una suerte de juicios para los que tienes que estar preparado. Y cuando cruzas esa barrera, la barrera de los prejuicios.. acabas de derrocar uno de los límites que más impiden a las personas conseguir lo que desean. Sí, así es, por triste que parezca tu obstáculo más importante es lo que piensan los demás, aunque aparentemente creas que no es así…. Siempre siempre sacrificamos algo de lo que somos para encajar en las opiniones de otros. Esto siempre va a ocurrir. Yo no daba videoconferencias porque no me gusta mi aspecto y me daba miedo que la gente me critique por eso… y me ha costado dos años saltar ese obstáculo siendo la videoconferencia una puerta que te lleva a otras posibilidades profesionales que me permitan ganarme la vida con lo que escribo. Así que procura que te importe cada vez menos lo que piensan de ti porque de esta manera te abrirás puertas, oportunidades que ahora son desconocidas para ti por culpa de tus miedos.

Come lo que quieras y ¡que arda Troya! Sigue tu camino, busca tus propósitos, ama lo que eres y cómo eres y ama tu cuerpo, cuídalo, mímalo porque es tu vehículo, aquello que te hace estar aquí hoy… y lo que piensen los demás está demás….

Y esto te sirve para todo, para salir del armario, para dedicarte a lo que siempre has querido dedicarte, para hacer lo que necesitas hacer y que el miedo a los juicios te lo impide y sobre todo, y lo más importante, para que si algún día eres atacado salvajemente por las redes sociales, entiendas que aún así merece la pena seguir viviendo porque saldrás fortalecida o fortalecido e incluso puede que admirado.

Si no comes en público, esconderás comida y te la comerás en el baño o a lo mejor llegas a tu casa tan hambriento que comerás sin pensar y te estarás haciendo un boicot a ti mismo. Entiende que eres lo más importante de tu vida y que a lo mejor los demás no te respeta pero que tienes el derecho  a ser respetado por ti mismo. No pases hambre por culpa del miedo nunca más. Come y que arda Troya.

 

 

 

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Maléfica reescribe su historia ¿La reescribes tú también?

Ya os lo dije, me encantan las películas infantiles y ésta es la última que he visto, Maléfica. Llevaba tiempo deseando verla, entre otras cosas, porque me encanta la actriz, la mujer de las piernas inacabables, Angelina Jolie, y en la película está espectacular…. Pero lo que más me ha sorprendido de esta película es la historia en sí ya que se trata de un cuento donde, de repente, todos los cánones y estereotipos de los viejos cuentos que nos contaban de niños, quedan en entre dicho.

Maléfica es la historia reescrita de “La bella durmiente” donde la protagonista es la propia Maléfica y explica la historia de por qué se vuelve mala malota… yo personalmente no le habría dejado el nombre toda la película. Debería autodenominarse Maléfica  cuando se vuelve mala. Alguien debería haberla bautizado así, aunque fuera ella misma… pero tiene poco sentido que el hada buena y adolescente del comienzo se llamara Maléfica. Yo no le perdonaría a mis padres que me llamaran así aunque fueran elfos, ya te lo digo.

Me gusta Maléfica (la película), y me gusta porque rompe con algunos mitos como, por ejemplo, el de monstruo sin pasado. Maléfica ya no es una bruja que es mala por diversión sino que se trata de un personaje herido. La vida está llena de personajes crueles, no digo que no, pero en un porcentaje muy alto son personas heridas. ¡Qué santa razón tenía aquél que decía que la violencia engendra violencia! Pero esta frase la hemos interpretado mal. No quiere decir que si tú siembras violencia recolectarás violencia sino que la violencia, literalmente, engrendra violencia: que los violentos, engendran personas a las que educarán con violencia y se convertirán en violentos si algo bueno no se cruza en sus caminos para hacer de espejo virtuoso… pero queremos resolverlo intentando enderezar árboles adultos y eso es complicado… yo personalmente prefiero estar lejos y advertir a las personas expuestas para que se alejen.

Otro mito con el que rompe la película (y cuidado porque posiblemente pueda incurrir en spoiler), es con la necesidad que tienen las mujeres de los cuentos de ser salvadas por hombres… por fin las mujeres pueden salvarse entre ellas sin necesidad de que un apuesto príncipe lo haga. Y yo no tengo problema con eso. A mí los príncipes no me caen nada mal… pero me gusta que se rompa el mito porque eso quiere decir, que otras alternativas son posibles.

Otras alternativas son posibles. No las conocemos, no sabemos si funcionarán, pero otros alternativas, son posibles.

Y de eso vamos a hablar, de romper nuestros propios mitos. De reescribir nuestra historia y dejar de ver malos por todos lados y empezar a convertirlos en héroes. De replantear aspectos de nuestra vida que nos impiden hacer cambios.

Así que hoy vamos a desmenuzar algunos mitos alrededor de las dietas y alrededor de tu forma de afrontarlas porque opino que romper mitos permite romper zonas de confort y hacer cambios que lleven a resultados.

Mito número uno:

“Yo solo o sola no puedo”: es el mito más jodidamente paralizante que existe… como yo no puedo solo, dependo de otro. Otro me tiene que decir lo que tengo que comer, otro me tiene que empujar a hacer ejercicio, otro me tiene cocinar, otro me tiene que enseñar, otro me tiene que acompañar, otro me tiene que obligar.

Existe otra alternativa y es que tú solo sí que puedas. Quizá no sepas cómo. Hay muchas cosas que yo todavía no sé resolver… pero que no sepa resolverlas, no significa que no pueda hacerlo. Sólo significa que aún no he encontrado la manera. Pero solos podemos, ¡claro que podemos!

 

Mito segundo:

“No hacer dietas sin supervisión de un especialista”. Te estarás poniendo la mano en la cabeza cuando digo esto. Y los especialistas tienen razón, cuando dicen que no hagamos una dieta sin supervisión. Lo dicen porque ellos han estudiado nutrición y hay mucha gente que hace dietas muy brutas y luego se les disloca los niveles. Pero otra alternativa es posible. Que te apoyes en libros, estudios y personas que publican información veraz, te permite hacer cambios en tu dieta y en tu vida que mejoran tu peso sin arriesgar tu salud sin necesidad de ir a un especialista. A fin de cuentas no puedes estar consultándole todo al especialista porque éstos no están las 24 horas para ti pero tu cabeza, tu conocimiento sobre tu propio cuerpo y la información de calidad que has escogido y aprendido sí están las 24 horas para ti. Haz que la supervisión del especialista sea casi innecesaria, simbólica, que sólo sirva para decirte que tus niveles y tu peso están perfectos.

Tercer mito:

“No tengo tiempo”. Cuando una persona dice que no tiene tiempo para mejorar su salud, supongo que se refiere a dos aspectos: o que no tiene tiempo para hacer ejercicio, o que no tiene tiempo para cocinar sano o bien ambas cosas.

Yo tengo un amigo escritor al que siempre he admirado mucho y un día lo invité a dar una conferencia sobre su trabajo como escritor y dijo una frase que,  no sólo no la he olvidado, sino que la he hecho mía durante todos estos años en los que yo ejercí el trabajo de escritora a la par que todos los trabajos que he hecho para ganarme la vida.

Él decía que era escritor, más bien, a pesar de todo, en vez de gracias a algo o a alguien y que amaba tanto su trabajo de escritor que por escribir hacía algo que no lo haría por ninguna otra cosa y era levantarse temprano para ir a escribir. Nunca olvidé esas palabras y durante años y décadas, siempre me he levantado antes para escribir.

Cuando decimos “no tengo tiempo”, en realidad, queremos decir “no tengo el deseo”. Si tuviéramos el deseo, encontraríamos el momento. Y es lógico no tener el deseo. Cuando yo me levanto por las mañanas, yo no sé vosotros, pero yo me levanto muy cansada, enormemente cansada, y no tengo energías para irme a correr. Para levantarme expresamente a hacer ejercicio, tendría que estar meses haciendo un esfuerzo titánico para hacer ejercicio… pero otra alternativa es posible: empiezo por lo que más fácil me resulta (que en mi caso es irme a andar cuando el café ya me ha espabilado), y así incorporo el ejercicio diariamente. Y, no lo dudes, si me levanto cansada es porque algo no funciona bien. Levantarse cansado es un síntoma de tener alguna carencia que aún desconozco.

No es que no tengas tiempo, es que tu tiempo precioso no quieres dedicarlo a una cosa que te cuesta horrores. ¿Por qué te crees que me inventé la “pelimarcha”? Porque siempre había preferido ver una peli que hacer ejercicio… la pelimarcha es la implementación perfecta de dos deseos y que el más goloso alimente el más costoso.

Cuarto mito:

“No puedo vivir sin este alimento”.  No puedo vivir sin el vinillo de la cena, no puedo vivir sin el chocolate, no puedo vivir sin el bocadillo de panceta… pero otra alternativa es posible: ¿Sabes? Yo ahora no puedo vivir sin mi pesto de cilantro… sigo enganchándome a alimentos pero me siento mejor al pensar que por lo menos son buenos para mí. No puedo vivir sin mi ensalada de germinados, no puedo vivir sin mi ajo negro, no puedo vivir sin mis algas wakame, sin mi sopa de tomate, sin mi susi de quinoa, sin mis semillas de sésamo, sin mi calabacín salteado, sin mi crema de calabaza, sin mis claras de huevo con las que hacer tortillas de atún o un sencillo y saciante merenge que, por cierto, si lo tuestas un poco al horno parecen galletillas crujientes…

Quinto mito:

“Estar en mi peso, es fuente de salud”. Por estar en nuestro peso hacemos barbaridades y te lo digo yo que soy la reina de las barbaridades: operaciones, días vomitando, carencias nutricionales… No tratar de estar en el peso no te lleva a la consecuencia de tener salud. En realidad es lo contrario: el objetivo es procurarse la salud y la consecuencia es estar en el peso. Otra alternativa es posible haciendo mejoras progresivas en nuestras dietas y hábitos para mejorar la salud.

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Sexto mito:

Lo mejor es comer poca cantidad de todos los alimentos”. Es un falso mito por dos motivos, el primero porque creemos que comer de todo es comer lo que comemos siempre pero eso no es comer de todo. Lo que comemos siempre es una dieta. Si analizas los alimentos que hay en tu dieta, te darás cuenta de que una y otra vez repites las mismas comidas: los viernes pizza, los domingos arroz… analiza lo que comes cuando no haces dieta… ¡es otra dieta! Lo que pasa es que es una dieta engordante pero sigue siendo una dieta parcial y carente. La gente que no tiene una restricción alimenticia porque no es vegano, ni celiaco, ni tiene intolerancias, ni hace paleo o cualquier dieta especializada, cree que come de todo… pero no es cierto. A veces hacen sus propias restricciones… yo conozco cierto carnívoro que dice comer de todo… pero no le pongas una coliflor, ni un brócoli, ni un calabacín, ni un espárrago blanco.

El otro motivo es el tema del “poco”: Yo me he dado cuenta de que muchos alimentos se saltan las alarmas de la saciedad. Son especialistas en eso y se trata de esos alimentos que combinan grasas y carbohidratos. La combinación de ambos alimentos impide que te sientas saciado y por eso muchos productos precocinados son tan adictivos. La bollería, por ejemplo, tiene un porcentaje equivalente entre grasas e hidratos que hace que siempre te parezca poco.

Si de un alimento no puedes parar de comer, sospecha. Muy posiblemente su elaboración está diseñada con el fin de que no puedas dejar de comerlo.

Pero otra alternativa es posible: dieta especializada en contener todos los nutrientes posibles, que a su vez sea saciante y saludable. De esta forma no tienes que pensar cuánta comida tienes que comer.

Séptimo mito:

La comida de dieta no está buena”. Te diré por qué tomo algas. Puesto que no tengo diagnosticado ningún problema de tiroides, las algas las incluyo en mi dieta porque son una fuente de minerales extraordinaria… pero están asquerosas. He pasado años… si si, años, probando formas de tomar algas hasta que he encontrado soluciones exquisitas. Por ejemplo: arroz integral cocido y salteaillo con ajo, muuuuucho tomate frito ¡sin azúcar! (O hecho casero que así controlas la cantidad y la calidad del aceite) y algas wakame rehidratadas… a lo mejor tengo el paladar estropeado con tanto experimento, pero a mí me encanta esa receta.  El sushi de quiona: a mí me daba un asco la quiona que no podía tomarla. No es obligatorio tomar quiona porque otras legumbres tienen una riqueza nutricional similar a la quiona, como por ejemplo los garbanzos. Pero un día descubrí que cueces quiona, bien cocida, y hacen un susi con una lámina de alga nori, le echas la quiona y en medio a elegir: aguacate, brotes de alfalfa, calabacín salteado, berenjena salteada… yo lo he probado con todo eso. Después enrollas y un poquito de salsa de soja…increíble. Bueno, y eso que no te he hablado de mi fideguá con shitake… ¡eso es la bomba!

Otra alternativa es posible y requiere creatividad, experimentar, probar, leer recetillas por ahí… tenlo por seguro, si no te gusta un alimento verde es porque aún no conoces una receta en la que su extraño sabor explote en tu boca.

Si supieras lo bueno que está el brócoli en ensalada con tomate, atún, levadura de cerveza y trigo cocido o en su defecto arroz integral…. Creo que estoy salivando.

Y la ensalada de col con vinagre y ajo frito… si eres andaluz lo has tenido que probar.

O el salteado de coliflor con patata y ajo… qué bueno está eso, madre mía.

Rúcula con hígado de bacalao o huevas… ¡qué rico!

Ensalada de espinacas frescas con levadura de cerveza y atún. Yo antes la tomaba con trocitos de queso, jamon york, cebolla crujiente, maíz dulce, aceite de oliva y vinagre de Módena… está increíble pero ya no es de dieta porque el maíz, la cebolla y el vinagre… tienen azúcar o hidratos para aburrir pero bueno, un día es un día.

¡Ah! Esta receta es un invento mío: trocitos de melocotón o durazno como decís los latinos, cebolla, pollo cocido o jamon york, y pasta integral, aceite, sal y jengibre… alucinarás con la mezcla de sabores… y como plato único, suficiente.

Y es que ¡otra alternativa es posible! Siempre hay otra alternativa, siempre. Y si no la conocemos, tendremos que encontrarla.

Te invito a algo que practico muy a menudo: escucha todas las partes, a los locos y a los cuerdos, a los excesivamente científicos y a los excesivamente espirituales, a los radicales y a los moderados… escucha sin juzgar porque todos tienen ideas originales que merecen la pena probar…. Eso sí, no te cases con ninguno…. Cásate sólo contigo mismo.

Ahora mismo tengo muy presente eso en la cabeza… y aquí voy a tirar por tierra el mito más importante que es el de pensar que la opinión de cualquiera es más importante que la nuestra… ¡de eso nada! Aquí el protagonista de tu vida eres tú y por tanto tú eres quien tiene que decidir lo que entra en tu vida y lo que no. Escucha, cuestiona y decide. No gastes energía convenciendo a otros… simplemente trabaja las ideas que son buenas para ti y los demás… pues que escuchen, cuestionen y decidan.

 

 

 

 

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Billy no para de bailar

A mí me gustaría bailar para sacar el cabreo como esa gran escena en la que un Billy Eliot enfadado se recorre media ciudad bailando. Está claro que es lo mejor de la película, un niño frustrado que ha luchado tanto para mejorar en lo que verdaderamente le gusta, que ha bregado con la incomprensión de su familia, con la idea sobre los roles masculinos en la sociedad estancada en la que vive, donde a un niño que le gusta el balet tiene, por fuerza, que ser tildado de homosexual… y después de tanta lucha, llega un enfado que no tiene nada que ver pero que concentra toda la ira no manifiesta y entonces Billy hace magia con su rabia convirtiéndola en una excepcional coreografía… no te contaré más de esta brillante película pero sí te diré que sólo por esa escena merece ver la película aunque, por supuesto, toda la película merece la pena.

No sé si eres de esas personas a las que les gusta el cine con mensaje o si eres de esas personas que simplemente quieren ver una película que no les complique mucho y si es así, a lo mejor Billy Elliot te aburre soberanamente y no voy a ser yo quien lo critique, no sólo porque estás en tu derecho más absoluto sino porque a mí también me gustan las películas sencillas… me encantan, por ejemplo, las películas infantiles.

Te contaré algo gracioso.

Hace muchos años trabajé en el Rick & Rock de Alcampo y concretamente en el centro que está en La Vaguada, en Madrid. No sé si sabes lo que es el Rick & Rock: Es un pequeño centro de ocio para los niños de los padres que van a comprar en el Alcampo. Allí juegan con juguetes de todo tipo: muñecos, videojuegos, coches, plastilina… en fin, todo aquello que Alcampo vende para niños, éstos lo pueden probar en el Alcampo y si lo piensas, es una gran idea comercial, además de permitir que los padres compren tranquilamente sin que sus hijos les entorpezcan en sus decisiones pulidoras de salario.

Parece que fuera una eternidad cuando yo trabajaba en Rick & Rock. Teníamos un televisor con un DVD y poníamos las películas de niños que había en el momento. Por aquellos entonces estaban de moda “Harry Potter y  la piedra filosofal”, “Monstruos SA”, “Buscando a Nemo” y “Las  Supernenas”. En aquellos años me aficioné al cine infantil…. Bueno ¡miento! Yo he visto cine infantil toda mi vida.. y es que me fascina, pero en aquel momento me di cuenta de que habían inventado un cine infantil nuevo, un cine que era capaz de encandilar a niños y a padres y los dos grandes ejemplos eran Monstruos SA y Buscando  a Nemo. Como escritora de libros para adultos, descubrí que eran sorprendentes aquellas películas.  Me recuerdo a mí misma ensimismada juntos a los niños viendo aquellas obras de arte… bueno, salvo cuando tenía que poner “Las supernenas” que eran unos dibujos animados espantosos… no sólo por el dibujo (lineal y grueso, falto de dimensiones) sino por el desagradable tono agudo de las protagonistas. Aquello podía romper el tímpano de cualquiera. Además, me daba cuenta de que cuando les ponía “Las supernenas” a los niños, éstos se volvían nerviosos y gritaban más y saltaban más… era una película que les alteraba los nervios a los niños.

Estás en tu derecho a que no te guste Billy Elliot pero permíteme explicarte por qué a mí me gusta tanto: “Billy Elliot”, “En Busca de la Felicidad”, “Rocky”, “Million Dollar Baby”, “Cinderella Man”, “Flashdance”, … todas estas películas tienen algo en común, algo de lo que quiero hablarte hoy y es que sus protagonistas luchan contra todo y contra todos para hacer aquello que aman.

Hace muchos años yo tuve un novio para quien era primordial que ambos, él y yo, tuviéramos un cuerpo estupendo. Durante toda nuestra relación trató de empequeñecer mi talla y controlaba todos mis alimentos así como trataba de que hiciera ejercicio. Hubiera estado bien, si esos controles hubieran estado relacionados con un deseo personal mío pero en realidad, era una necesidad de él que yo fuera una persona delgada. Supongo que, de lo contrario, se sentiría avergonzado por tener una mujer obesa por novia. Muchas de mis inseguridades nacieron de aquella relación y creo que, gracias a todas las cosas que me han pasado después, ya no quedan resto de aquellas inseguridades.

Recuero que una vez se me ocurrió una idea. Una idea que era estupenda y que quiero compartir contigo que, además, sigue vigente en mi cabeza y de esa misma idea nació “La charlimarcha”.

Para explicarte esta idea aún tengo que remontarme más atrás. Cuando yo era adolescente, aprendí a tocar la guitarra con una profesora que me enseñó cuatro acordes. Entonces me di cuenta de que no se necesitaban una formación de carrera para enseñar a otras personas a tocar la guitarra y me dediqué a dar clases para niños y durante toda mi adolescencia gané bastante dinero enseñando a niños a tocar la guitarra. Pero lo más sorprendente de aquello es que fueron los años donde más aprendí yo. Así que, en aquel momento, supe que la mejor manera de aprender era enseñando porque cuando tratas de enseñar a otro, tratas de acortarle el camino del aprendizaje y sin querer te acortas tu propio camino, encuentras atajos al tratar de transmitir a otros tus conocimientos.

Aquella idea que se me había ocurrido era la de convertirme en una entrenadora personal para otras personas “en proceso de adelgazar”. De esta forma, yo encontrarí la manera de adelgazar para mí y a la vez ganaría dinero y tendría un gran aliciente.

Al compartir mi idea con aquél novio, éste me dijo una frase que nunca he podido olvidar y que ahora ya ni siquiera la interpreto con enfado porque creo que tiene mucho que ver con las inseguridades que él tenía.  Me dijo que yo no podría entrenar a otra persona porque para eso había que tener un buen cuerpo y que no era mi caso.

Hoy por hoy sé que tengo el cuerpo más estupendo del mundo y que he hecho una promesa con él y es que lo voy a cuidar todo lo que pueda porque es mi vehículo en esta vida y me da muchas satisfacciones, me permite la existencia y me mantiene con vida. Tengo una máquina estupenda y la adoro más que a mi coche al que llamo, por cierto, Papichuli. ¿Tú has bautizado alguna vez  a tu coche? Pues yo sí… así que ya te puedes imaginar que si quiero tanto a mi coche como para personalizarlo cuánto más a mi cuerpo, mi gran vehículo que me permite pasearme por este planeta.

Pero que él despreciara mi cuerpo no es lo más torpe de esa frase. Lo más torpe de esa frase es pensar, como hacemos muchos de nosotros, que una persona obesa no puede ayudar a otra para superar obstáculos relacionados con la búsqueda de resultados en cuanto al peso.

No sé si te acuerdas de cuando estudiábamos en filosofía la falacia de autoridad, y aquí voy de erudita de pacotilla con este latinajo: Argumentum ad hominem

La falacia de autoridad viene a referirse al hecho de que consideramos falso un mensaje debido a la falta de autoridad del mensajero. También ocurre lo contrario y estaríamos hablando de Argumentum ad baculum que viene a referirse al hecho de que damos por verdadero cualquier chorrada que diga alguien con autoridad.

Pues bien, aquel novio que ya he perdonado, cometió la falacia del argumentum ad hominem dando por hecho que yo no podría dar buenos consejos a personas obesas porque yo no era una persona delgada aunque, tiene gracia, en aquella época era mucho más delgada que ahora. De hecho era una persona normal, estaba en mi peso pero a él siempre le parecía poco.

Te diré algo importante. Un día, una amiga mía me invitó a una clase de spinning. Yo he hecho deporte toda la vida aunque no lo parezca, he sido balonmanista casi profesional, he jugado al baloncesto, natación, he pasado largas temporadas haciendo aerobic, running (aunque cuando yo lo hacía era footing), danza (básicamente danza oriental aunque también he hecho algo de danza india, liquid dance, que me encanta y hasta he intentado algo de flamenco aunque apenas mencionable)… De hecho, ella me invitó porque yo le había invitado a ella a una clase de funky…  pero nunca había hecho spinning y estaba más acostumbrada a un ejercicio más bien moderado. Cuando me metí en aquella clase, que es pedalear a tope, me acordé de toda la parentela del monitor que, encima, no permitía que la gente parara en su clase. Durante una semana no pude moverme, subir escaleras, sentarme… ¡temí que me hubiera lesionado los músculos de las piernas!

Y es que si nunca te has puesto ¿cómo se te ocurre intentar escalar el Everest? ¿No sería mejor empezar por la cuesta de tu casa? Pues con los entrenadores es lo mismo.

Con mi obesidad actual ¿sabes a quién podría ayudar mejor que un entrenador de élite? Pues a una persona que sufre obesidad mórbida. Yo estoy más cerca de esa persona y además conozco mejor su sufrimiento y le puedo ayudar a subir el siguiente escalón. Yo soy la persona perfecta que podría enseñarle a disfrutar de un buen paseo, de una buena caminata llena de positivismo y de alegría.

Si alguien que tiene una vida excesivamente sedentaria, trata de hacer un cambio en su vida y contrata a mister musculitos y éste le pone a pegar patadas a un neumático de un tractor ¿cuánto tiempo crees que podrá aguantar? Sin embargo, si avanza con una persona que ya ha dado el paso de incorporar en su rutina diaria el ejercicio, y comprende las dificultades de la adaptación a una nueva vida, y que sabrá con más certeza, qué trucos le ayudaron a hacer ese pequeño cambio. Y puede que más tarde necesite a un mister musculitos… pero la primera persona que necesita es a alguien que puede comprender sus dolores, su cansancio, su tristeza y que tiene herramientas útiles para romper estas inercias.

Si yo tuviera dinero, yo habría contratado aquella Ana Isabel y estoy segura de que me habría ayudado muchísimo, porque dos personas, aunque no tengan una gran diferencia entre ellas, son capaces de animarse mutuamente a romper los límites de la zona de confort.

No renuncies a tus sueños, por favor, has venido a esta vida para cumplirlos. Si yo hubiera hecho caso omiso de las palabras de aquel novio inseguro, ya perdonado y me hubiera puesto a ayudar a las personas a hacer ejercicio ¿qué habría sido de mi vida? ¿Seguiría con sobrepeso? Nunca lo sabremos pero sí sabemos una cosa, sabemos que algunas personas de este mundo se quedaron sin ayuda porque nunca me lancé a prestarla y sabemos que habría aprendido muchas cosas de la experiencia, cosas que he dejado de aprender.

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Quiero compartir contigo la gran lección de mi vida. Hay que ejecutar los sueños pase lo que pase. Da igual las consecuencias y ¿sabes por qué? Porque todo tiene consecuencias, todo te puede llevar al éxito o al fracaso, todo te puede llevar  a callejones sin salida, todo te puede salir bien o salir mal. Sin embargo, cuando tratas de cumplir tus sueños vives en la eterna ilusión. Y da igual si al final del camino está o no la felicidad. Cuando trabajas por tus sueños la felicidad te acompaña hoy y cuanto más tiempo dediques a tus sueños, al final de tu vida, sólo computará, el tiempo que fuiste feliz tratando de alcanzarlos, haciendo lo que más te gusta, trayendo hoy y aquí aquello para lo que has nacido. Si postergas tu felicidad por cuestiones de sensatez, habrás hipotecado la posibilidad de ser feliz hoy.

No importa que te salgan bien las cosas. Lo importante es que lo que haces te hace feliz. No importan las consecuencias… el peor de los escenarios sigue siendo feliz cuando eres tú mismo y haces lo que sueñas. Si tu pareja amenaza con abandonarte… ¿qué más da? Ya encontrarás un compañero o compañera que te ayude a cumplir tus sueños. Si tu familia no te apoya en tus proyectos… tú sigue porque al final, cuando el éxito se materialice, cambiarán de opinión.

Cumple todos y cada uno de los sueños de tu vida y prescinde de tus miedos porque tus miedos sólo son humo…  ni siquiera puedes saber si van a producirse… son hipótesis que sólo tienen sustento en tu cabeza… la vida no te garantiza que tus miedos aparezcan… y si no, contéstame a esta pregunta ¿cuántas veces has mirado debajo de la cama y has comprobado que el monstruo no estaba.

 

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Una y otra vez Remington Steele

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Remington Steele es un personaje de una antigua serie que protagonizaba Pierce Brosnan cuando era muy jovencito. Ni siquiera había sido James Bond todavía y recuerdo muy poco de esa serie. Según he leído en internet trata de una chica que era detective y decide montar una agencia de detectives. Pero como es mujer nadie la contrata, así que se inventa un jefe ficticio para alcanzar la clientela que busca. Ese jefe es Remington Steele. Desde entonces le va estupendamente hasta que aparece Pierce, quien dice llamarse precisamente Remington Steele. Era algo parecido a Luz de Luna y yo creo que sería la moda de aquella época, crear series de parejas de detectives con cierta tensión sexual que resuelven casos a la vez que se tiran los tejos en medio de discusiones profesionales.

Recuerdo vagamente la sonrisa blanca de Brosnan y nada más. Sus capítulos tendrían la típica estructura de la época: un caso a resolver que se descubre al final del episodio en medio de algunos chistes malos y mucha acción incluso con tiros (¡pero sin muertos!), al estilo del Equipo A, McGiver, El coche fantástico…

Y aprovechando que hablamos de series de los años ochenta, algún día hablaremos de la serie “El gran héroe americano” que es la serie más original que he visto en mi vida y yo creo que la que más he disfrutado siendo niña sin encontrar parangón años después, (bueno, se acerca mucho “Cosas de Marcianos”, pero es muy posterior). No sé si te acordarás de esta serie. Es de un profesor de historia al que un día unos extraterrestres le regalan un traje de superhéroe y, junto a un agente del FBI, decide, poco convencido, luchar contra el crimen… pero resulta que se le pierde el libro de instrucciones del traje y tiene que ir aprendiendo las funciones del traje… y se da de trompazos aprendiendo a volar… era divertida como ella sola…. Pero como siempre ya me he ido de tema porque yo quería hablar de Remington Steele.

Aunque yo apenas vi aquella serie, para mí, Pierce Brosman, siempre ha sido Remington Steele pese a esa carrera brillante que ha seguido después. Si consultas su filmografía, desde el 79 hasta la actualidad, ha ido casi a película por año. Bueno, pues yo, cada vez que veo una película y aparece él siempre digo lo mismo: “¡Anda! ¡Remington Steele! Igual me ocurre con Steven Seagal que lo he bautizado como Steagal y con Steagal se ha quedado.

En “Golden Eye” era Remingon Steele, en “Mamma mía” era Remington Steele, en “The Tailor of  Panamá” (El sastre de Panamá)… ¡Era Remington Steele! Y siempre decía yo lo mismo…. ¡Anda! Pero si actúa Remington Steele…Yo creo que me resultaba más fácil pronunciar Remington Steele que Pierce Brosnan y por eso lo he bautizado con el nombre de la serie y mira que tiene un nombre bonito… Pierce… es sonoro, casi musical… pero para mí era Reminton Steele… hasta que un día protagonizó un spot, un anuncio televisivo, hablando muy serio sobre un seguro para coches en España. A partir de entonces, el pobre Remington Steele, ha pasado a Llamarse Qualitas Auto.

El problema no es de Pierce Brosnan y el personaje de aquella serie. El problema es mío, porque yo me empeñé en olvidar su nombre verdadero y llamarlo así. Y el pobre Qualitas Auto se ha llamado Remington Steele durante años porque nunca me he molestado en hacer dentro de mi cerebro ese cambio de hábito que permita llamarlo por su nombre. Y mira que tiene un nombre bonito… Pierce… ¡es que suena fenomenal!

Yo he tenido grandes amigas en la infancia a las que todavía quiero muchísimo y una de ellas es mi amiga Mariví. Cuando yo la conocí, la llamábamos Vicenta porque ese es su nombre y así la llamaban las profesoras. Cuando mi amiga Vicenta cumplió los catorce o quince, no recuerdo, decidió que le teníamos que llamar Mariví porque era el nombre con el que ella se identificaba y cada vez que la llamábamos Vicenta, ella nos corregía hasta que consiguió que todo el mundo la llamáramos Mariví. Y mira que, para mí Vicenta no es un nombre freo porque yo lo asocio a la increíble amiga que me acompañó tantos años al colegio y con la que he pasado años tan bonitos.

Y de eso vamos a hablar, de implementar cambios externos que nos ayuden dentro de nosotros mismos. Y he querido hablar de ello porque estamos en 2018, ha empezado el año nuevo y es momento de hacer propósitos. Conozco a un fumador que todos los años se propone dejar de fumar y todos los años me dice lo mismo: “esta vez va en serio” y ¿sabes lo que hago yo? Creerle. Todos los años le creo. Nunca le digo jamás “eso ya me lo dijiste el año pasado y volviste a caer”… jamás hay que decirle eso a alguien que amas. Si le amas, cuando se hace un propósito, apóyale siempre, cree en él porque no hay cosa más valiosa que podemos hacer por las personas que amamos que creer en ellas. Es posible que no le puedas solucionar la vida, es posible que no puedas darle grandes cosas pero siempre hay algo que le puedes dar y es apoyo. Y yo le digo a este fumador que tanto quiero: “estoy segura de que este año lo vas a conseguir”. No importa que caiga porque sabes que el próximo año se lo va a volver a proponer y lo va a intentar y va a estar unos meses sin fumar y esos meses son minutos u horas o días que añade a su vida… así que lo que importa no es que caiga a mitad del año sino que cada año intente levantarse otra vez.

Es bueno hacerse propósitos. ¿Sabes por qué? Porque los propósitos son el reflejo de lo que queremos  conseguir, de las metas que queremos superar, de los rumbos que queremos seguir. Cuando te haces un propósito concretas lo que quieres para ti. Cada vez que te haces el mismo propósito una y otra vez, es importante que amplíes miras. Debes encontrar gente que ha conseguido tus propósitos y escucharla y tratar de imitarla. Es importante formarse y leer sobre aspectos que pueden ayudarte a alcanzar las metas perseguidas. Cuanto más lees, más ideas encuentras y de esta forma amplías el registro de acciones. Propósito es compromiso + acción: Comprometerse consigo mismo y actuar en la dirección propuesta. Deben ser compromisos concretos, accesibles y realistas pero que te permitan ir más allá de donde estás…. Aunque sólo sea un pasito pequeño. El otro día escuché una gran idea y es que le pongas un lema a tu año nuevo. De esta manera no se te olvida hacia donde tienes que guiar tu vida. En el caso que nos  ocupa podríamos llamar a nuestro año 2018 como el año de la inversión calórica o, para ser más concretos, como decíamos antes, lo vamos a llamar el año de los dos kilos de menos. Fíjate qué cosa más sencilla, posible, que nos puede animar a trabajar en esa dirección… Podrías pesarte hoy (¡leches, todavía no le he comprado pilas a la pesa!)… Y decir: “El 31 de diciembre voy a pesar dos kilos menos… por lo menos” . Así si pesas 70 kilos puedes llamar a tu año “El año de los 68”. ¿A que te gusta la idea?

No se me ocurre mejor manera de hablarte de propósitos que compartir contigo los míos personales y quiero compartirlos porque cuando los hablas con alguien, intentas trabajar con más disciplina en ellos que si sólo los piensas para ti. De esta forma, queda sellado como un pacto de caballeros y en diciembre podré volver a escuchar este podcast para saber si he cumplido con el pacto. Así que te propongo algo, yo te hablo de mis propósitos y tú compartes conmigo los tuyos. Lo puedes hacer públicos en Ivoox (por cierto, yo hablando de mi abuela y su pronunciación y sigo diciendo Ívox en vez de Ivoox) o bien, me los puedes enviar en privado si no quieres que otros lo lean, como tú quieras.

El primero de mis propósitos es hacerme merecedora de este podcast. He conseguido muchas cosas desde que grabo este podcast. He conseguido implementar ejercicio diario en mi vida, mejorar mi dieta, pero sigo cometiendo errores. Sobre todo, errores de voluntad. Quiero que este año sea el año de la Voluntad. Y quiero vencer una cosa muy concreta que siempre te comparto  y es que, si no hay dulces en casa, no los echo de menos pero si los hay, siempre caigo y la solución no está en convencer a las personas que me rodean para que no traigan dulces a casa… la solución es trabajar mi voluntad y en eso me voy a enfocar este año. Así que la palabra es esa: voluntad, o disciplina… eso es sobre lo que quiero ahondar este año. Esa voluntad también la quiero aplicar en reducir mis horas sedentarias. Trabajo muchas horas sentada en el ordenador y creo que mi hora y media sigue siendo poco.

También tengo un propósito sobre este canal. Como sabes, yo no soy nutricionista sino más bien alguien que trata de vencer su propio problema y compartir los trucos aplicados tras cada batalla victoriosa. Siempre he compartido contigo ideas psicológicas, pensamientos que considero efectivos. Este año quiero que Piensa y Adelgaza, también tenga un soporte nutricional. Y se me ocurre cómo hacerlo de una manera muy concreta y muy sencilla y es a través de libros que pretendo leer antes de preparar cada podcast y así le doy un soporte más auténtico al programa. Todo lo demás seguirá igual pero quiero añadir recetas, información nutricional, estudios… cosas así.

Como sabes, también tengo un propósito sobre el libro “Piensa y Adelgaza” y es que quiero convertirlo en un libro dinámico, es decir, un libro cuya versión mejore conforme mis conocimientos mejoran.  Se va a llamar “Piensa y Adelgaza 2.0” Y sólo he encontrado dos posibles maneras. La primera es hacer un audiolibro y cuando corrija o añada algo, enviar a los compradores nuevas versiones de lo añadido. La segunda es hacerlo escrito y creo que voy a hacer las dos versiones al mismo tiempo. Voy a tardar mucho, como meses porque he hecho dos audiolibros por encargo de otro escritor y me ha costado mucho trabajo porque los grabo yo, los edito yo… yo les doy la forma… y eso tiene su tarea. Las personas que ya han comprado el libro, tendrán un descuento de lo que pagaron por él para acceder a la segunda versión que deseo que crezca y mejore cada cierto tiempo. Voy a intentar que cada cierto tiempo sea un mejor libro. Y quiero que sea así porque me gusta mucho escribir y escribo sobre bastantes temas, como, por ejemplo, sobre temas de maltrato. He hecho del maltrato mi causa personal y he escrito un par de libros sobre el tema. También he escrito sobre finanzas, sobre todo lo que sé sobre el dinero, cómo ahorrarlo eficazmente, cómo multiplicarlo… Ahora mismo estoy escribiendo un libro sobre cómo cumplir los sueños y no quiero escribir otro libro relacionado con “Piensa y Adelgaza”, quiero que mi libro actual, sea un mejor libro. Quiero que llegue al punto de la eficacia máxima y quiero que sea reflejo de mis logros personales.

Voy a intentar que siempre sea una novedad porque no pretendo que quienes ya han leído el libro, aunque encuentren mejoras, tengan que leer una y otra vez el mismo libro. Creo que lo que haré será asentar muy bien los capítulos actuales y en las siguientes versiones crear capítulos nuevos para que quienes ya han comprado el libro reciban gratuitamente, los nuevos capítulos en formato audio y texto.

Mi último propósito del año es conseguir dar un salto con Trebolarium. He tardado 20 años en concretar todos mis sueños en una realidad que hiciera encajar todas las piezas y, por fin lo he encontrado y se llama Trebolarium. En esta página he conseguido reunir todas mis inquietudes personales, poder publicar todos los trabajos que he escrito durante años y concentrar todas las direcciones dispares por las que me he manejado intentando hacer realidad mis inquietudes personales. Ahora, lo que quiero es que Trebolarium se convierta en mi principal y más importante fuente de ingresos.

Creo que ya puedo resumir el lema de 2018: es el año de la voluntad con un podcast más completo, el audiolibro piensa y adelgaza 2.0 y Trebolarium en su siguiente nivel.

Estos son mis propósitos del año 2018. Son claros, alcanzables (aunque el último supone un reto importante), concretos y me ayudan a dirigir los pasos de este año. Y me voy a imprimir mi lema y lo voy a colgar en un sitio visible. ¿Qué te parece? Como son cuatro propósitos, podría dibujar una mesa y que en la parte superior pusiera 2018 y cada pata fuera un propósito. Así me ayuda a recordarlos para que no se me olviden.

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