Piensa y Adelgaza

Clark Gable y los alimentos adictivos

Mi abuela era una amante de lo español y también del cine americano. Por eso cuando leía los nombres de los actores del cine de su época, los españolizaba pero también los admiraba. Le encantaban las películas del oeste, de sombreros, como decía mi tia-abuela, la hermana de esa gran mujer que fue mi abuela.

Así Paul Newman era… Paúl Neuman,

John Wayne era Jon Baine

Gary Cooper era Gari Coper

Jack Lemmon era Jac Limón

Rock Hudson era Roc Uson

Y Clark Gable era Clar Gable.

Y nunca olvidaré a mi abuela leyendo los nombres de la película cuando empezaban los créditos alucinando con el buen elenco de la película: ¡Jon Baine! ¡Bárbara Cheldon! ¡Yoid bitloc! ¡Jeorge Ayes!… y así sucesivamente. ¡Qué momentos tan bonitos en los que disponíamos a ver una peli de sombreros con mi abuela y como éramos unos revoltosos, ella queríamos que prestáramos atención a los nombres que decía para hacernos entender que era una gran película y que merecía seguirse con atención!

Nos hacía gracia escucharla leyendo los créditos de aquellas viejas películas. Mi abuela era de esas grandes personas que se van del mundo sin apenas dejar huella pero que hacen que el mundo sea más hermoso para quienes la conocieron. Y por eso no puedo evitar sonreír recordando a mi abuela pronunciar los nombres de aquellos actores que parió el cine de oro americano de los años cuarenta y cincuenta.

¡Qué gran pareja hicieron Clark Gable y Vivien Leigh (Vivien Leig) en lo que El viento se llevó! Los dos son dos grandes focos que se iluminaban mutuamente.  Gable ya era un actor de renombre que ya había sido reconocido con la famosa estatuilla pero es que Vivien, que era menos conocida,  es una actriz impresionante, no sé si alguna vez la has visto en “Un tranvía llamado deseo” haciendo de majareta… alucinarás cuando la veas.

Personalmente adoro tres frases de esta gran obra de arte.

La de juro que no volveré a pasar hambre… ¡es una pasada de frase! Esa frase refleja la desesperación del personaje y a la vez la determinación por conseguir cambiar la situación y hace ese juramento, que es un juramento para sí misma, con el fin de ser fiel a sí misma.  ¿Sabías que Scarlett no iba a ser la protagonista? Margaret Mitchell, la autora de la novela quería que la protagonista fuera Melanie, la buena esposa de Ashley, pero se le reveló este personaje mezquino a la par que ambicioso que resultó ser tan fascinante como la actriz que lo encarna.

“Aunque tenga que matar, engañar o robar a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre”

Perdona que no lo diga con esa musicalidad de la dobladora de antaño. Creo que nunca podría aprender la forma en que antes se doblaban las películas. Los dobladores de ahora son muy realistas, son increíbles pero los de aquella época hablaban como si recitaran poemas. No perdonaría que una película actual se doblara así pero tampoco perdonaría que volvieran a doblar una película de aquella época con las técnicas actuales y es que no podía haber un mejor doblaje para aquellas magestuosas historias.

La frase del final, que es genial:

“Tara… es mi hogar. Iré a mi casa, idearé algo para hacerle volver. Después de todo, mañana será otro día” (Scarlet O´hara).

Me gustaba la forma en que la protagonista no afronta todo de golpe… estoy muy cansada para hacer esto hoy… mañana lo hago. ¿Por qué no? Creer en el mañana no es un delito.

Sin embargo, la frase que más me gusta de la película es la que siempre menciono cuando alguien trata de irritarme por algún motivo. Yo siempre les digo lo mismo:

Como digo Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”, Francamente querida, me importa un bledo.

Y es que ayer iba haciendo mi caminata y me acordé de esa gran frase que tanto me gusta citar cuando alguien se pone amenazante con algo, o pesado, o irritante, o borde… y me dije a mí misma… “esta vez, en vez de buscar un hecho cinematográfico para una idea que se me ha ocurrido voy a buscar una idea para un hecho cinematográfico que he recordado, que es esta divertida frase”.

Y de eso vamos a hablar hoy: de en qué momento deberíamos decir la famosa frase de Clark Gable.

Cuando Clark Gable dice esa frase y aquí voy a hacer un poco de spoiler, aviso, es porque su personaje, Rhett Butler, ha llegado a un punto en que tanto Scarlett como Rhett se han hecho tanto daño que sólo faltaba que Ashley quedara libre para que ella intentara consquistarlo y Butler estaba cansado y decide marcharse. Entonces ella le pregunta ¿Qué va a ser de mí? A lo que Gable le contesta con la consabida frase.

Es una frase de desapego que sacada de contexto sirve como válvula de escape ante las increpancias de quienes nos rodean y podría ser utilizada cuando, por ejemplo, alguien que nos ve tomar un alimento de esos que yo considero que sí, tienen calorías, pero nos ayudan a evitar los alimentos verdaderamente insanos y nos dice… “Eso engorda”

Y es que empiezo a entender que hay que robarle protagonismo a los hidratos de carbono y darle un poco más a las grasas saludables como las del pescado, el aguacate, los aceites crudos (oliva, coco, girasol primera presión en frío, lino sésamo…) y eliminar los endulzados con azúcar ayudándose de las frutas dulces como el plátano o el dátil… y cuando alguien te vea comiendo esos alimentos adivina lo que te va a decir…”Francamente, querida, me importa un bledo”

Pero de lo que hoy quiero hablar no es de eso, de su sentido literal, sino del significado que cobra en la película, el de uno hombre cansado de perseguir a una mujer que está enamorada o cree estarlo de otro y que decide, por fin, alejarse de ella.

Entonces me he acordado de que cada uno de nosotros tenemos una Scarlett en nuestra vida, una pasión que nos esclaviza tontamente, que nos tiene atados, que creemos que está en nuestra vida por costumbre pero, en realidad, es adicción ordenada, como el vino del medio día, el refresco con la comida, el maldito postre… todo eso que nos cuesta tanto eliminar de nuestras vidas.

¿Y sabes qué? Que no deberíamos permitir ser esclavos de eso, del alcohol, del azúcar, de la comida. Deberíamos librarnos de nuestras adicciones sólo por el hecho de serlo.

¿Sabes lo que dice la Wikipedia que es una adicción? Leo textualmente:

“Se considera adicción (del latín addictus, que era el deudor insolvente que, por falta de pago, era entregado como esclavo a su acreedor​) a una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por una búsqueda patológica de la recompensa y/o alivio a través del uso de una sustancia u otras conductas. Esto implica una incapacidad de controlar la conducta, dificultad para la abstinencia permanente, deseo imperioso de consumo, disminución del reconocimiento de los problemas significativos causados por la propia conducta y en las relaciones interpersonales así como una respuesta emocional disfuncional.​ El resultado es una disminución en la calidad de vida del afectado (generando problemas en su trabajo, en sus actividades académicas, en sus relaciones sociales y/o en sus relaciones familiares o de pareja). La neurociencia actualmente considera que la adicción a sustancias y a comportamientos comparten las mismas bases neurobiológicas.

Además del consumo de sustancias psicoactivas existen adicciones a procesos como la adicción al sexo, la adicción al juego (ludopatía), la adicción a la pornografía, la adicción a la televisión, al deporte, la adicción a las nuevas tecnologías (tecnofilia), al móvil (nomofobia) y la adicción a Internet.”

Si eres adicto a un alimento, eres su esclavo y cuanto antes puedas entender que es una adicción, antes podrás tomar medidas efectivas. Mientras consideres que sólo es algo que te gusta mucho, que tú lo controlas que en cualquier momento puedes dejar de tomar ese alimento, sigues siendo esclavo de él.

¿Sabes cómo puedes saber si eres esclavo de un alimento?

Muy fácil, pásate un día sin tomarlo… verás como tu cerebro te martillea una y otra vez para que le des ese alimento.

Hay un momento en tu juventud que siempre tropiezas con alguien que ha tomado drogas y que quiere invitarte a consumirlas. No, no es una frase puritana que se me ha ocurrido a mí. Está basada en la experiencia personal… por muy protegida que sea tu educación, por muy rígido que sea el colegio de monjas donde te criaste, hay un momento en tu juventud en el que alguien te pone un porro en la mano.

Cuando a mí me ocurrió eso hice algo que no creo que hagan muchos adolescentes. Decidí leer sobre los efectos de las distintas drogas. Entonces es cuando supe que el hachís y la mariguana no son tan adictivas como el tabaco, aunque como se consume con tabaco, pues adivina. Supe que son terribles para un adolescente porque en la adolescencia se produce un proceso sináptico done de rompen un porcentaje muy alto de conexiones neuronales de hasta un 80% si no recuerdo mal y que el papel de la mariguana en este momento es bastante peligroso. Supe que hay drogas que generan adicción con la primera toma, como por ejemplo la heroína. Aprendí a entender la tolerancia y la abstinencia y que la segunda no puede existir sin la primera. La tolerancia es la adaptación del cuerpo a que le introduzcas una sustancia de forma periódica. Por eso, cuando se deja de tomar esa sustancia, el cuerpo, que se ha adaptado a esa intoxicación, sufre  los efectos de la abstinencia que son específicos de cada droga y que yo haya experimentado, el dolor de cabeza es el de dejar de tomar café, un dolor terrible como si tuvieras dentro de tu cerebro una tenia dándose un festín con tus neuronas. Imagínate cómo debe ser la abstinencia de algo tan tóxico como la heroína, la cocaína etc. Dicen que uno de los peores síndromes de abstinencia lo proporciona el alcohol del que se conocen efectos específicos como el delirium tremens. Yo siempre que pienso que me va a picar un bicho digo burlonamente que tengo el delirium tremens. Se produce en personas que consumen mucho alcohol diariamente, más de un litro de vino al día y durante muchos años. Su abstinencia es un episodio agudo de delirios.

La tolerancia hace que cada día necesites más sustancia para recibir el placer que buscas. Por eso los drogadictos acaban muertos por sobredosis… buscando siempre un mayor efecto.

La tolerancia se ha usado como herramienta en niños hiperactivos. Una vez leí un estudio en el que se les daba café a estos niños para que llegaran a la tolerancia y les hiciera el efecto contrario aunque personalmente opino que eso es una aberración.

Mi amigo Frank Suarez que he vuelto a retomar de nuevo, dice que encontró un estudio que revela que el azúcar es más adictivo que la cocaína.

Azúcar, alcohol, bebidas con cafeína como el té, el café, los refrescos de cola… todos estos alimentos son adictivos y son fuentes de enfermedades.

Hace muchos años, cuando trabajaba como periodista en un pequeño periódico de mi ciudad, conocí al que por aquellos entonces era presidente de Agrajer que es un asociación granadina de ayuda a adictos al juego y este señor que entrevisté, me pareció increíble. Nos convocó a los periodistas a una rueda de prensa para hablarnos de algún evento que no recuerdo. Estaba allí la televisión local, otros medios… pero a mí me pareció tan sabio aquel hombre que esperé a que todos los medios se fueran para seguir hablando con él porque yo era una pésima reportera.  A mí me gusta escribir, pero el periodismo no es escribir, es otra cosa distinta, es saber buscar la noticia, correr a todos lados, saltarse los carteles de prohibido pasar, abordar a las personas aunque no tengan ganas de hablar porque alguien les haya hecho mucho daño… cosas que yo no soy capaz de hacer y por estas mismas razones, si un entrevistado me parecía interesante, en vez de irme a buscar otra noticia, me paraba a hablar con aquel hombre tan fascinante que había llegado a jugar a la ruleta rusa… sí, a la ruleta rusa. Dice que se reunían varios jugadores en un apartamento con una carta de suicidio escrita a su lado. Cuando la bala se disparaba, todos se iban dejando al jugador perdedor con su carta y la pistola en la mano.

Este hombre se refería a las máquinas de juego de los bares como auténticos pozos de enfermedad que deberían prohibirse. Los paquetes de tabaco tienen un mensaje de sus peligros en la cajetilla… al menos en España pero las máquinas de juego no alertan de nada y son causa de niños adictos y endeudados, amas de casa que se llegan a prostituir para seguir jugando… familias rotas, suicidios, ajustes de cuentas…

Debes entender que cuando no puedes prescindir de un alimento, cuando te ves con el abrigo sobre el pijama en un comercio nocturno, comprando el dulce que necesitas, es que tienes adicción y debes tratar esta circunstancia de la misma forma que se trata una adicción. Y ninguno sabemos cómo se hace eso porque, a lo mejor, no hemos tenido la necesidad de tratarnos otras adicciones más letales.

Yo tengo una teoría sobre cómo funciona la droga a través de una idea que me prestó una psicóloga una vez y me dijo que los jugadores son adictos porque tienen un refuerzo discontinuo. El refuerzo discontinuo es que unas veces pierdes y otras veces ganas. La diferencia entre una tragaperras y una máquina de tabaco es que la segunda siempre te da premio y por tanto no estás a la expectativa. Pero la primera, a veces te da premio y a veces no te lo da.  Cuando eso ocurre empiezas a pensar en estrategias, en leyes que no existen (que si la máquina da premios cada treinta jugadas, en días pares y cosas así).

En el caso de los alimentos-droga, creo que el refuerzo es continuo pero frustrante: comes, sientes placer pero acto seguido te sientes fatal contigo mismo… e incluso días después.  Y ese juego de emociones es el que tiene al cerebro enganchado.

“Francamente querida, me importa un bledo”

Lo que trato de decir es que te rebeles contra tu esclavitud alimenticia. Deja de ser adicto. ¡No eres tú! ¡Tú no eres el refresco azucarado! ¡Tú no eres la copa de alcohol con el trozo de queso! Cuando eres como yo, y juntas queso y vino, en realidad, estás apegado al vino. Deja el vino y el queso desaparecerá. ¿Conoces el origen de la frase “que no te la den con queso”? Es una frase etnóloga. Por algún motivo, el queso potencia el sabor del vino y hace que cualquier vino sepa exquisito y por eso se decía “que no te la den con queso” . Lo que quería decir es que no te dieran la copa de vino con queso para que el queso no distorsionara el sabor del vino y pudieras evaluar el verdadero valor del vino.

Si algún alimento te tiene prisionero y no puedes vivir sin él ni un solo día, no lo dudes, es el momento de librarte de ese alimento. Si el café te pide dulce, deja el café y el dulce. Si la cena te pide alcohol, cena fruta o cualquier cosa que no acostumbres a cenar. Si el almuerzo te pide postre, rebélate contra el postre… rompe tus costumbres, lo que has hecho durante años, proponte ser capaz de hacer cambios drásticos en todas tus rutinas alimenticias. Busca información sobre técnicas de superación de adicciones, lee libros sobre drogas, no te importe porque tú estás lidiando con drogas alimenticias y es el momento de ser Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”:

“Francamente, querida azúcar, querido refresco, querida copa de alcohol… me importa un bledo”.

¿Apuestas conmigo a conquistar la libertad que esos tontos alimentos te han quitado a lo tonto marchena sin que te dieras cuenta?

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