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¿Eres esclavo de algún alimento que te está robando la salud?


(Transcripción)

Estoy segura de que ya sabes de qué va la película de este capítulo…. La pastilla azul o la roja… o te olvidas o conoces la verdad. Aclararé el sentido de utilizar lo de las pastillas pero antes quiero hablarte de Matrix.

Estarás de acuerdo conmigo en que Matrix es una de las películas más influyentes del cine actual. Fue rompedora en muchos aspectos. Los amantes de la acción recordarán esos efectos especiales que nunca se habían visto antes como el de Trinity flotando en posición de ataque mientras las múltiples cámaras se superponen creando una imagen estática con volumen o la escena en la que Neo esquiva las balas con una postura imposible de sostener y que tantas parodias ha inspirado.

Para mí, como escritora, lo que más me sorprende es el estilo narrativo, la forma en que se ordena la información y en cómo se gestiona el contrapunto de la historia, ése momento increíble que le da sentido a todas las escenas inconexas anteriores, algo que no recuerdo que se hubiese hecho con tana maestría antes. Aunque es muy pretencioso decir eso porque, por muy peliculera que yo sea, no he visto el suficiente cine como para afirmar con rotundidad que Matrix es la primera… pero en todo caso sí puedo decir que Matrix es la que llamó la atención y que ha tenido una enorme influencia en el cine posterior.

Además es la primera película que narra el después de una guerra con máquinas, un tema que ya planteó de una manera sorprendente Terminator pero cuyo pulso aún no se había librado…. Y otras películas:  quiero acordarme de una película futurista en la que las máquinas se arreglaban a sí mismas y tenían a los humanos arrinconados en una especie de refugio en mitad de un desierto y si salían, unos gremlins mecánicos los mataban pero no me acuerdo del título de aquella película.

Y otra cosa muy sorprendente que ha planteado esta película es la de considerar que ahora mismo podríamos estar en Matrix en vez de en un mundo real. No en pocas ocasiones he escuchado a conferencistas hablar de Matrix como el mundo en el que nos desenvolvemos.  Como diría Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”: “francamente, querida, me importa un bledo” si estoy en Matrix o en Aguadulce pero prefiero decir que estoy en Aguadulce viendo cómo alguien se monta en esos cacharros que se conectan con un tubo a una moto de agua convencida de que algún día ése alguien seré yo u observando a los pobres engañados de la pastilla azul que hacen parapente  en la montaña del otro lado de mi casa y  que despiertan toda mi envidia.

Pero la forma en que yo me quiero referir a las dos pastillas es sobre la pregunta que me he formulado hoy de si existe una pastilla roja y otra azul en la industria de la alimentación y de eso es de lo que vamos a hablar hoy…

Me he acordado de esta película porque, como te prometí, estoy con la elaboración del libro “Piensa y Adelgaza” 2.0 y estoy corrigiendo el primer capítulo donde menciono que la comida tiene tintes de droga. En mi primera versión decía que la comida es como el juego, que no tiene sustancias realmente adictivas pero que se produce adicción por la dopamina y otros neurotransmisores. Entonces me he parado a pensar y me he dicho a mí misma ¿realmente la comida no tiene sustancias adictivas? Y si las tiene ¿las están usando los fabricantes de alimentos para tenernos enganchados a sus productos?

El glutamato monosódico, es un potenciador de sabor y se incorpora a todos los alimentos procesados salados porque sólo potencia el sabor salado… dicen que es la razón por la que una vez que empiezas a tomar un alimento con glutamato no puedes parar.

El chocolate tiene un añadido de vainilla porque dicen que ésta es adictiva y no puedes parar.

El contenido de azúcar de todos los alimentos procesados es alto para generar picos de glucosa que crean adicción.

Éstas son tres informaciones que he escuchado sobre el efecto adictivo de algunos alimentos procesados. No sé si son reales, no lo he corroborado. Pero quiero hablarte desde mi experiencia, quiero contarte una anécdota importante, algo que me ha ocurrido a mí en primera persona.

Hace unos años, la empresa Lidl, comercializaba una tableta de chocolate que tenía trozos de galleta oreo. Era un chocolate con leche. Yo creo que nunca he probado un chocolate más rico en mi vida. Ni siquiera otras marcas de chocolates con galletas oreo estaban ricas. Fue una época en la que yo había cerrado mi herbolario, y me dedicaba a repartir a domicilio pedidos. Me entraba hambre e iba al Lidl que estaba cerca y compraba una tableta.

Hay personas que dicen que si abren una tableta de chocolate no pueden coger una onza y se comen la tableta entera. Mi caso no es así, yo puedo comerme una onza, entre otras cosas porque me gusta el chocolate negro… pero aquellas tabletas me las comía dobladas porque, te lo aseguro, no había probado nada más rico en mi vida. Una tableta de chocolate de 70% de cacao tiene 500 kcal por cada 100 gramos.  Aquellas tabletas tenían más kcal por 100 gr y más de 100 gr…. Es decir que cuando me comía una tableta de aquellas me estaba comiendo prácticamente la cantidad de kcal que una mujer de mi edad y peso debe tomar al día. Si la alimentación sólo fuera kcal, un astronatua podría llevarse tabletas de esas al espacio porque ocupan poco espacio y tiene un alto rendimiento calórico… claro que al volver acabaría directamente en la tumba.

Afortunadamente, Lidl dejó de comercializarlas… no sé por qué pero eso fue lo que a mí me salvó de aquellas malditas tabletas de chocolate. Era una auténtica yonky de aquel chocolate. Recuerdo que apenas tenía dinero para gasolina y aún así, buscaba los dos euros y pico que valía aquella tableta y cada día me comía una. ¡Cada día!

Bueno, pues, para que te asombres del poder adictivo que tenía aquel chocolate… años después, cada vez que paso por la calle de ese Lidl, se me despierta el ansia por comer ese chocolate. ¡Años después!

Y después de esta anécdota te vuelvo a hacer la pregunta: ¿nos están haciendo yonkis de la comida? ¿Están introduciendo sustancias adictivas en los alimentos procesados?

Mi chico siempre me dice que soy una ingenua porque tengo la manía de quedarme siempre con la mejor versión de todas las cosas.  Si alguien dice una patochada hiriente, prefiero pensar que ha sido una equivocación.  si alguien ha hecho un acto despreciable,  prefiero pensar que su intención era otra.  Por eso, ante la pregunta de si la industria alimentaria está introduciendo sustancias adictivas en sus productos, prefiero pensar que no hay una intención de añadir sustancias adictivas  porque estas sustancias generan adicción pero no se consideran adictivas. Prefiero pensar eso antes de pensar que el fabricante sabe a ciencia cierta que se trata de sustancias adictivas,  de que los gobiernos reguladores también lo saben y lo pasan por alto,  y de que los fabricantes de estas sustancias no solo lo saben sino que lo han fabricado con esa intención.

¿ Hay dos pastillas de esto? ¿ Hay una verdad cruda y dura en forma de pastilla roja frente una verdad  amable inocente disfrazada de pastilla azul? La verdad es que no lo sé,  como soy una ingenua me quedo con la pastilla azul.  Sin embargo hay algo irrefutable y es que cuando paso por la calle del Lidl,  mi cuerpo sigue acordándose de aquel chocolate con galletas Oreo.

El mundo es como es, solos no lo podemos cambiar,  pero hay algo que tiene mucha fuerza y es el poder de la masa, el poder del consumidor. Ser consciente de que estos alimentos generan adicción nos permite decidir si queremos ser esclavos de esos alimentos o no.  Te diré algo: cada día que pasa me cabrea más depender de un alimento.  no quiero que mi vida esté condicionada con ese alimento,  no quiero salir a la calle en pijama porque se me ha gastado el alimento,  no quiero comprarlo todos los días,  no quiero que condicionen ni mi cartera ni mi tiempo ni mi salud.  poco a poco voy identificando esos alimentos y emprendo luchas encarnizadas contra ellos. Eso sí,  voy uno por uno porque todos son demasiados.

Mis alimentos adictivos son:  dulces, café, vino y queso.  Los dulces los he conseguido reducir a  un chorreoncito de sirope de ágave sobre dos cucharadas de semillas de sésamo.  A veces compro chocolate negro,  pero si me compromete las cantidades dejo de comprarlo.  El café lo mezclo con malta,  intenté mezclarlo con achicoria pero está asqueroso así que lo mezclo con malta y cada vez reduzco más la proporción de café con respecto a la malta. El vino era un compañero de cenas,  yo creo que lo peor que puedes hacer.  Llevo semanas cenando con agua con limón y jengibre.  El queso es un alimento harto polémico. Sus beneficios son su contenido en vitamina D y calcio así como su capacidad de neutralizar los ácidos de la boca, lo que previene las caries y se toma a modo de postre.  Entre sus inconvenientes está el hecho de que es rico en colesterol,  y además está hecho con leche de vaca con todas las contrariedades que tiene la leche de vaca su contenido en caseína,  lactosa….

Aprovecho para hacerte una pequeña aclaración con respecto al queso y la lactosa porque si eres intolerante a la lactosa tendrás un lío tremendo.  Pues bien yo esto lo explico bastante bien en mi curso de fermentaciones que no sé si te he comentado que ya lo terminé porque yo soy una fanática de las fermentaciones. Existen  varias maneras de elaborar el queso.  Una de ellas es con cuajo,  otras de ellas es con fermentos,  y otras combinan el cuajo y los fermentos.

La lactosa es un azúcar natural que tiene la leche.  Si la fermentas con fermentos lácticos  tales como l casei,  bifidobacterias  etcétera,  se convierte en yogurt y sus azúcares naturales,  es decir la lactosa,  se transforma en ácido láctico siendo perfectamente digerible para intolerantes de la lactosa.

Si nosotros hacemos un queso con cuajo,  no estamos generando el proceso de fermentación de la lactosa y por tanto sigue siendo un queso rico en lactosa.  En cambio,  si elaboramos un queso previamente fermentado en vez de cuajado,  como por ejemplo el queso a partir del kéfir,  este queso muy probablemente esté carente de lactosa.  A lo mejor no lo está porque se le añade leche después cómo podría ser por ejemplo,  el queso de untar que suele ser un yogur salado y separado de su suero pero al que posteriormente se le añade nata y posiblemente tenga lactosa aunque no tendría por qué.

Luego están los quesos a los que se les añade cuajo y fermento a la vez cómo pueden ser los roquefort o quesos azules.  no es un fermento propiamente láctico sino que suele ser el hongo azul y es posible que no esté garantizada la ausencia total de lactosa en estos casos.

Lo que sí puedo decir es que la transformación de la lactosa en ácido láctico en un yogur suele ser total y cuanto más ácido es el yogur menos lactosa tiene obviamente.  Si el yogur no es muy fuerte quizá la fermentación sea parcial y pueda tener algo de lactosa. No sé si te sirve a efectos prácticos toda esta información pero es posible que te sirva si eres intolerante a la lactosa.

Una vez dicho esto,  me confieso  amante del queso y los yogures.  Intento que el queso sea de oveja o de cabra y los yogures siempre los hago caseros de cabra en casa porque dicen que los niveles de caseína y de otros nutrientes son muy parecidos a los de la leche materna y por lo tanto tienen menos efecto en lo que respecta a alergias y otras cuestiones.  Para mí es puro vicio hasta el punto de que conforman muchas cenas,  ya sabes vino y queso. Los fumadores dicen que no hay mayor placer que tomarse un café y fumarse un cigarro,  yo sustituyo el café por el vino y el cigarro pues el queso y la fórmula funciona igual. Pero me fastidia que sea mi vicio, me fastidia enormemente, no quiero ser dependiente de estos alimentos.  con respecto al queso aún no he encontrado soluciones,  en cuanto termine el café  y el vino empezaré con el queso.

Y no puedo dejar de contarte mis fracasos sin contarte también mis éxitos porque son importantes,  son victorias a considerar y además lo importante es compartir ya que,  si yo soy tu espejo,  si yo soy lo que eres tú,  una persona que lucha contra su obesidad,  que está en proceso hacia la delgadez,  entonces puedes saber que hay cosas que se pueden vencer  así que te contaré mis últimas victorias.

Hace 2 meses  mi suegra nos regaló un paquete de galletas Príncipe,  unas galletas que me han acompañado toda mi infancia.  y hace 2 días,  me regaló un bote de leche condensada,  para mí uno de los dulces más adictivos que existen.

He de indicarte que ambos están en la estantería sin abrir.  por primera vez en mucho tiempo,  ¡qué digo!  ¡por primera vez en mi vida! he logrado que algo que me gusta mucho,  permanezca días y semanas e incluso meses sin abrir en la estantería  y si yo soy un ejemplo dudable y lo he conseguido,  está claro que tú también puedes conseguirlo.

Así que,  si te estás tomando la pastilla roja o te estás tomando la pastilla azul,  da igual,  no importa.  Si nos están enganchando alimentos a conciencia, o inconscientemente, es indiferente.  Si la industria alimentaria nos engaña,  es indiferente.  Si los fabricantes nos envenenan,  es indiferente.  Si la publicidad nos embauca,  es indiferente… nada de eso importa porque lo único importante es no ser esclavo de nada.

Cuando yo era jovencilla iba a una oración los domingos que había en Granada en la Delegación de Misiones. Íban todos los misioneros granadinos que había repartidos en todo el mundo.  Yo tenía el sueño de ser misionera, un sueño que no se pudo cumplir y que ahora agradezco porque estaba equivocado de base desde, mi punto de vista, pero en aquella época asistía para formar parte de aquel grupo que estaba repartido por el mundo ayudando a otras personas desde su propia fe y en una de estas oraciones vino un hombre judío que había sido prisionero en un campo de concentración y nos enseñó su número (ése que tanto hemos visto en las películas)  y dijo algo en lo que coinciden muchas personas que han salido de ese tipo de cautiverios:  dijo que las personas que sobreviven en medio de esa situación tan cruda y tan horrible son las que tienen un sentido,  las que tienen algo que resolver, las que tienen un objetivo en la vida, las que tienen algo por lo que luchar. Además decía que había un sitio donde siempre era libre y donde nadie podía entrar y eran sus pensamientos.

Si te sientes demasiado esclavo de tu nutrición piensa en ese algo por el que tienes que luchar,  los hijos a los que tienes que ver crecer,  la movilidad que necesitas para ayudar a tus familiares,  lo qué creas oportuno pero no olvides nunca que la decisión de no ser esclavo está dentro de ti  así que no importa lo que hagan los fabricantes,  la libertad te sigue perteneciendo.  Hay un lugar donde nadie puede entrar y es en tus pensamientos.  Siempre tendrás la opción de ser libre, siempre.  Sólo tienes que elegirla.

 

 

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