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Introduce a tus hijos en un círculo vicioso del éxito

En este nuevo capítulo puedes escuchar la primera lección del curso “Educar en el éxito”

Hablemos hoy de éxito.  Éste no se mide por el dinero que ganas, ni se mide por las cosas que alcanzas, por los títulos, por los escalafones en la empresa o en la sociedad… en realidad el éxito es capacidad de acercar la realidad que deseas para ti a la realidad que estás viviendo.  No tiene nada que ver con el dinero que ganas. Hay personas que consideran que han alcanzado el éxito tumbados en una hamaca viviendo de lo que pescan en la playa y de algún servicio turístico en una isla caribeña, y hay personas que sienten que el éxito es el de encontrarse en la oficina más alta de un rascacielos presidiendo una gran empresa.  El éxito sólo es ver los sueños cumplidos.

Éxito y felicidad están íntimamente ligados.  Muchos piensan que la felicidad es la consecuencia del éxito pero en realidad, es la causa del éxito. El éxito viene durante los procesos felices, cuando amas el proceso, cuando eres feliz en el presente con lo que haces y con lo que buscas, cuando caminas por el sendero de las losetas amarillas en busca de lo mágico.

Normalmente no se nos enseña a perseguir nuestros sueños en los colegios. Lo aprendemos a base de tropezar con lo correcto, con lo que todos piensan que deberías hacer, y muchos de nosotros nos sumergimos en un mudno de lo que se debe hacer, del sentido común, de lo correcto… abandonando así aquello para lo que hemos nacido, para lo que hemos venido al mundo.

Y lo más cusioso es que se piensa que debes apostar por lo correcto porque los sueños son imposibles: sólo lo consiguen muy pocos, a cierta edad, con determinadas condiciones físicas o intelectuales…. Pero ¿sabes? Los caminos del éxito son tantos, tan variados, tan infinitos y tan increíbles que en realidad… esos frenos por los que los demás desean que vuelvas a la senda de lo correcto,  son falaces, no existen, son creencias.

Nada de esto se enseña en los colegios. Es tan importante para el sistema dar una serie de materias, hacer que los alumnos asimilen unos determinados conocimientos y, por cierto, todos los alumnos deben aprender lo mismo, que nos olvidamos a enseñarles a entender cómo funciona esto de vivir. Los padres piensan que es tarea de los colegios y los colegios, que esa es materia de los padres y esto hace que nunca enseñemos a nuestros hijos, los métodos para alcanzar el éxito provocado por nuestro trabajo, nuestro esfuerzo y nuestras habilidades.

Educamos para preparar a nuestros hijos para el mañana pero les estamos dando herramientas incompletas. Pensamos que los títulos universitarios lo son todo, pero un título universitario sólo es una palanca para mover el mundo. Se necesita la determinación de mover esa palanca.

Si eres padre, piensa que, por ahora, la educación de hoy en día no tiene entre sus planes de estudio educar a tu hijo en el éxito. Eres tú quien tiene que hacerlo. Debes iniciarle en el camino de las losetas amarillas tú mismo.

Pero quizá piensas que tú sólo no tienes las herramientas que se necesitan para eso, que ni siquiera has podido alcanzar para ti el éxito que buscabas.

No necesitas ser alguien especial para enseñarle a tu hijo a volar. Lo único que necesitas es creer en el vuelo de tus hijos, apostar por ellos, estar convencido de que podrán llegar muy lejos y aplicar una serie de hábitos que te enseñamos en el curso “Educar en el Éxito” . Tú pones la fe en tu hijo y Trebolarium abre caminos nuevos, ideas y propuestas para introducir a tu hijo en el círculo del éxito mediante hábitos.

A continuación, la primera lección del curso:

Si estás aquí es porque deseas un buen futuro para tu hijo y, si ése es tu sueño es que vienes de una familia donde tus ancestros han intentado hacer feliz a sus descendientes de generación a generación.

Quizá tu ilusión era la de conseguir cosas de las que tus padres se sintieran orgullosos de ti ¿Pudo darte tiempo a que ellos fueran testigos de tus grandes hazañas?  Si no pudo ser, pero ahora eres padre o madre, sabrás que eso no es lo importante y que realmente lo único que quieres es que tu hijo sea feliz.  Si no pudo ser, es posible que las grandes lecciones de la vida, las has aprendido demasiado tarde. Pero ahora es el momento de compartir esas lecciones para que tu hijo encuentre grandes atajos, que es de lo que se trata este curso.

Es posible que pienses que tu hijo es impermeable y que nada de lo que tú le digas, ninguna de tus lecciones son aprendidas porque son rechazadas de antemano. Sin embargo, este curso no te va a enseñar lo que le tienes que decir a tu hijo para que de una vez por todas te escuche y consigas que te haga caso. En realidad, en este curso, lo que vas a aprender primero es a escuchar. Tus palabras pueden no penetrar. Tu actitud siempre deja huella, siempre plantea cuestiones a resolver y es con tu actitud como debes ayudar a tu hijo.

Si no escuchas sin prejuicios, sin juzgar, sin aleccionar y sin corregir, no puedes aspirar a la confianza de tu hijo y sólo la información que te da tu hijo es el timón mediante el cual puedes dirigir la barca de su felicidad. Tampoco con lecciones enseñas a tu hijo, en realidad, con lecciones no se puede enseñar a nadie., a menos que sean lecciones elegidas, como este curso, que ha sido elegido por ti. En realidad, se enseña con hábitos y con pasión y éste es el gran secreto de cómo hacer que tu hijo encuentre los atajos que tienes pensados para él, mediante hábitos.

Pero antes de enseñar a tu hijo debes mirarte a ti mismo y preguntarte si pudiste conseguir todo lo que te habías propuesto en la vida. Tu hijo es tu espejo y él te va a devolver el reflejo que has cultivado de ti mismo. Por eso, a la vez que tratas de hacer que tu hijo sea feliz mediante un camino de éxito es posible que encuentres la necesidad de hacer cambios en ti mismo para encontrar tus propios éxitos.

En este curso he recopilado una serie de hábitos que, implantados en nosotros mismos nos lleva inevitablemente al éxito.

Hasta ahora se había pensado que el éxito es un don que reciben sólo unos pocos, una suerte, una posición económica o una cualidad especial… pero no es así en absoluto. El éxito es el resultado de ser fiel a sí mismo con una férrea constancia y sin salir del camino. Requiere hacer oídos sordos y creer en sí mismo incluso cuando todos a su alrededor han perdido la fe. El éxito es la consecuencia de un pulso contra la adversidad que hemos mantenido firme.

Habrás observado que hay personas en el mundo que parecen tenerlo todo: son hermosas, son inteligentes, tienen éxito financiero, son ricas y famosas y tienen la admiración del mundo. Quienes observan a estas personas dicen de ellas que tienen mucha suerte pero, en realidad, detrás de todo éxito sólo se esconde un simple círculo vicioso, sólo que en vez de llevar al fracaso como los círculos viciosos que conocemos, llevan al éxito.

El éxito inspira confianza. Cuando estamos disfrutando de un momento de éxito, sabemos que estamos yendo por la senda adecuada. No necesitamos hacer cambios en nuestra vida y esto nos inspira la autoconfianza. Esta autoconfianza nos lleva a realizar nuestros proyectos con más seguridad, lo que finalmente vuelve a llevarnos al éxito.

¿Podríamos hacer algo para entrar en un círculo del éxito? Y lo que es más importante ¿podríamos enseñar a nuestros hijos a alimentar su propio círculo del éxito? Pues el caso es que sí pero para hacer eso deberíamos aprender cómo funciona un círculo vicioso del éxito.

 

¿Qué es el círculo del éxito?

El círculo del éxito es un círculo vicioso que encamina a la persona que lo vive a un irremediable éxito global, en casi todas sus áreas, si no en todas. Esto ocurre porque todos y cada uno de los microéxitos que experimenta el niño exitoso afianzan una actitud que favorece el seguir recibiendo resultados.

Hay que empezar a ver el círculo vicioso del éxito como el de un cambio de piñones de una bicicleta. Da igual desde qué punto de vista partamos. No importa si nuestra vida no es del todo mala pero tampoco es buena y vagamos en una especie de mediocridad que hace que las cosas nunca cambien. En realidad, cualquier punto de partida es bueno y desde cualquier punto de partida se puede iniciar un cambio hacia el círculo del éxito. Conforme vamos trabajando en un cambio de inercia, poco a poco vamos pasando de un círculo mejor que otro como cuando se cambia de marcha en bicicleta, de un piñón a otro, de una forma paulatina y progresiva.

Ese cambio lo producen dos actitudes que sí podemos controlar: Por un lado, creer y, por otro actuar en base a esa creencia independientemente de los resultados. Creer y actuar, es la pequeña palanca que nos va cambiando de piñón en piñón.

A simple vista parece fácil pero en realidad es muy difícil porque lo único que impide el éxito es la falta de creencia y es lo más fácil que ocurra.

Imagina que se te aparece Dios y te dice: “atraviesa ese desierto y al final de él encontrarás el oasis más grande que has visto en tu vida”.

Día uno: caminas afianzado

Día dos: tienes calor pero sigues caminando afianzado

Día tres: empiezas a tener sed y ahora caminas un poco desesperado por llegar

Día cuatro: tienes calor, una sed terrible y se te han acabado las existencias… sólo ves dunas de arena por todos lados… empiezas a dudar.

Día cinco: tu cuerpo muestra los primeros síntomas de deshidratación. No tienes comida ni agua y empiezan a entrar los miedos, a dudar del oasis, a pensar que Dios te mintió y que lo único que quería es que murieras de hambre y sed en ese desierto.

El oasis existe pero el desierto que le precede no sabemos lo que puede tardar. Si la fe en sí mismo es férrea, seguiremos por ese desierto hasta encontrarlo.

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Sólo se puede cambiar de piñón cuando nos mueve una fe inquebrantable pase lo que pase y al final, en el oasis, todo empieza a brillar: nuestro trabajo, los frutos de nuestro esfuerzo, nuestras ganancias, nuestra familia… todo.

 

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