Espiritualidad

El despertar de mi conciencia

La evolución personal tiene muchas facetas y cada faceta nos va enseñando verdades nuevas  que conviene encajar en nuestro nuevo yo. Engrandecemos con cada pensamiento o experiencia que se suma a nuestra vida.

Algunas de esas experiencias son terribles, duras, llenas de penurias pero no seríamos nosotros mismos si nos quedáramos anclados en dichas experiencias y observáramos sólo la peor parte.

Alguna vez habrás escuchado el relato del hombre que perdió su caballo y todo el mundo le decía que había tenido mala suerte y él contestaba “mala suerte, buena serte”… ¿quién sabe?

Después su caballo, volvía con unos caballos salvajes y todo el mundo le decía que había tenido mucha suerte y el volvía  a contestar lo mismo: mala suerte, buena suerte ¿quién sabe?

El hijo del granjero intentó domar a uno de los caballos salvajes pero se cayó y se rompió una pierna. Otra vez, los vecinos se lamentaban de la mala suerte del granjero y otra vez el anciano granjero les contestó: “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”.

Días más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Los aldeanos, ¡cómo no!, comentaban la buena suerte del granjero y ¡cómo no!, el granjero les respondió con sus sabias palabras: “Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”.

Si analizas la persona en la que te ha convertido tu desgracia, quizá puedas decir con objetividad que gracias a esos días tristes, ahora eres más fuerte, más sabio e incluso más feliz, tienes mayor capacidad de afrontar dificultades futuras y  has desarrollado una espiritualidad más elevada.

Ése es el trabajo que Manuel Domínguez Sedano. Ha mirado su triste infancia y la ha elevado a un presente absolutamente espiritual, cada uno de los momentos desamparados que tuvo que enfrentar en su vida.

Y es cierto, el dolor es una prueba difícil, quizá ni siquiera es una prueba pero sí es difícil… sin embargo, una vez atravesada su terrible frontera, es el momento de autoreconstruirse lo antes posible con los nuevos ladrillos hermosos, auténticos y genuinos que nos proporciona nuestra experiencia dolorosa.

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