Piensa y Adelgaza

Bugs Bunny versus Iñaki Gabilondo

Transcripción:

¿Sabes? Bugs Bunny es un enteraillo de cartón

Te preguntarás por qué Bugs Bunny es un enteraillo de cartón… y también te preguntarás, si no eres andaluz y puede que si no eres granadino, qué significa ser un enteraillo de cartón. Bueno, yo creo que en otros sitios dicen “enterao” y es sinónimo de enteraillo de cartón lo que ocurre es que los andaluces somos muy retóricos. “Éste es un enterao” o “éste es un enteraillo de cartón” viene a decir que el tipo en cuestión (en este caso Bugs Bunny) se las da de que sabe mucho, de sabiondo, de enteraillo pero no sabe hacer ni la o con un canuto, expresión también andaluza que viene a significar que no sabe hacer nada. ¿Te imaginas escribir una o con un tubo? Pues es algo fácil, embadurnas el tubo o el canuto en tinta y lo imprimes sobre el papel… bueno pues no saber hacer la o con un canuto es no saber ni siquiera lo fácil.

Ahora te explico por qué Bugs Bunny es un enteraillo de cartón y es que cuando era niña era mi personaje preferido y tanto me gustaba Bugs Bunny que yo quería ser como él y de hecho así lo he sido, con un poquito menos de autoconfianza pero yo he sido tan enterailla de cartón como Bugs Bunny.

Bugs Bunny es un conejo, locuaz, cuya frase preferida era “Qué hay de nuevo, viejo” y siempre se salía con la suya porque tenía algo que yo siempre he perseguido: el don de la improvisación eficaz.

Era tan bueno improvisando que siempre arruinaba los planes del cazador. Era grandilocuente, inteligente, con un gran derroche de ingenio y autoconfianza, divertido, un comezanahorias ingenioso y encantador… por cierto, hablando de zanahorias, deberíamos comer una zanahoria al día. Yo creo que si lo hiciéramos tendríamos mandíbulas como robles… pero eso es otra cuestión.

El caso es que aquél gracioso conejo que nos hacía reír a los niños porque siempre se salía con la suya, es un enteraillo de cartón porque con esa actitud relajada, socarrona no lo tienes todo en la vida…. Ganas una buena parte de ella, pero no lo tienes todo.

Yo estuve un tiempo haciendo radio con unas amigas y estaba empeñada en aprender a improvisar y yo tengo un defecto del que te habrás percatado en los primeros programas y es que hablo muy despacio, pienso mucho las palabras que voy a decir  y si no fuera por el editor de audios te dormirías en mitad de mis podcast. Pues imagínate eso empezando a aprender a improvisar. Ponía nerviosos a todo quisqui: a mis compañeras del programa, a los pocos oyentes que teníamos que eran amigos y familiares… pues eso, a todo quisqui y me regañaban porque no me preparaba los programas pero es que yo quería aprender a improvisar para ser tan brillante como Bugs Bunny.

Unos cuantos años después, en Cádiz, asistí a una conferencia de inauguración de los cursos de verano de la universidad de Cádiz, en calidad de oyente, y el conferenciante era ni más ni menos que Iñaki Gabilondo, un perdiodista que maneja la palabra con bastante fluidez. Su conversación era aparentemente improvisada, por supuesto brillante, pausada, sin trabas cerebrales como me pasa a mí… y llevaba en la mano un pequeño post-it de esos amarillos, chiquititos. Cuando vi aquél post-it dejé de desear ser Bugs Bunny y ahora quería ser Iñaki Gabilondo y entendí perfectamente cómo hay que dirigirse en la vida para conseguir lo que quieres.

Un amigo mío que era escritor y fue un mentor para mí, decía que hay que escribir con brújula, no con mapa y eso era el post-it de Gabilondo, una brújula.

Pero como te estoy hablando con demasiadas metáforas, te voy a explicar a qué me quiero referir.

Iñaki hablaba con fluidez, sabiendo lo que decir en cada momento, sin titubear y sin dar la impresión de que lo que decía era memorizado sino que también hablaba improvisando, porque en aquel post-it escribió las ideas principales que quería decir y ésa es la diferencia entre un recitador y un verdadero orador. La mayoría de los políticos, por ejemplo, son recitadores… son lectores de discursos. Pero un orador es brillante con sus palabras porque se guía por las principales ideas, su brújula. No llevan un mapa donde todo el territorio está trazado, llevan una brújula que les señala dónde está el norte y les permite orientarse y tampoco son como Bugs Bunny que, aunque le salen bien las cosas, no lleva ni mapa ni brújula y eso no puede durar toda la vida.

¿Sabes lo que es la crisis de los cuarenta? Yo te lo voy a decir. La crisis de los cuarenta es que te has pasado media vida como pollo sin cabeza, sin brújula ni mapa, has hecho mil cosas y ninguna y no has logrado ninguno de los sueños que te habías propuesto cuando tenías veinte años…. Porque te has pasado media vida improvisando… ésa es la crisis de los cuarenta. Y luego queremos enmendarla haciendo más tonterías, improvisando nuevamente y terminando de estropearlo todo.

Pero a partir de hoy, eso se ha acabado…. Vamos a hablar de brújulas, de post-it, es decir, vamos a hablar de metas porque sin metas no se llega a ningún lado y te lo voy a ilustrar con otra de mis metáforas que no es mía pero que me encanta y la uso mucho en mis libros y cursos.

Imagínate que fueras leñador todos los días vas al bosque y le dieras cinco hachazos a un árbol distinto. Te digo yo que no durabas más de un mes en el aserradero porque no creo que así cortaras muchos árboles. Ahora imagínate que fueras todos los días al bosque y le dieras cinco hachazos al mismo árbol…. Ahora sí ¿verdad?

Pues eso hacemos continuamente en nuestra vida y el tema de las dietas no es diferente: siempre le damos hachazos a árboles diferentes, siempre estamos continuamente cambiando de dieta y por eso no tiramos ningún árbol, no conseguimos  cosas, no alcanzamos los sueños. No adelgazamos.

Así que hoy vamos a coger la sartén por el mando. Búscate un post-it o papelillo chico que vas a apuntar los puntos cardinales de tu brújula de adelgazar. Vamos a construir una meta, nuestra primera meta, la meta de las metas, la madre de todas las metas…. Por lo menos en lo que nos atañe y la vamos a desgajar en todos sus procesos para saber cómo es nuestro árbol, dónde está y qué tenemos que hacer todos los días.

Primero, definimos la meta. Muchos decís que queréis bajar de peso, eso no es una meta… eso es un deseo. Frank Suárez, mi gurú de nutrición preferido, dice que nuestra meta no debería estar relacionada con bajar de peso, sino con adelgazar y son cosas bastante diferentes. Bajar de peso es que la balanza te diga que pesas menos pero cuando empiezas a hacer cambios nutricionales encaminados a la salud y ejercicio, empiezas a ganar musculatura y la musculatura pesa más que la grasa así que no es un índice adecuado para fijar una meta. Frank dice que debemos buscar adelgazar, no bajar de peso, es decir, perder volumen y aquí empieza una herramienta que nunca has utilizado, la cinta métrica.

Ahora bien ¿cómo deberíamos utilizarla para fijar una meta?

Mi teoría es la siguiente: nos medimos lo más gordo que tenemos, en mi caso la cadera pero puede ser la barriga o incluso un brazo. Eso nos arroja un número.

Nuestra meta es comparar ese número con el número que queremos tener, por ejemplo, x siendo x lo que mide ahora mismo tu cadera y x-10  centímetros lo que quieres adelgazar.

También lo puedes hacer de la siguiente manera: coges un pantalón viejo que te cabía antes y lo pones en la silla de tu cuarto y esa va a ser tu objetivo, entrar en los viejos pantalones.

Bien, ya hemos avanzado algo pero todavía no tienes una meta… dt dt dt dt… aunque no lo creas, todavía no hemos definido la meta. Si no especificas todos los detalles de tu meta no puedes desglosarlo en hachazos. Si no sabes dónde está tu árbol, cómo es, qué grosor tiene, dónde va a caer, cuántos hachazos totales necesita…. Nunca podrás saber qué tienes que hacer para derribarlo.

Así que tu objetivo está marcado pero para que sea una meta tiene que tener delimitado un tiempo: por ejemplo, quiero entrar en estos pantalones dentro de un año.

Bien, ya tienes fijada una meta: caber en unos pantalones dentro de un año. Ahora tienes que establecer qué se necesita para eso, para caber en los pantalones. Para eso tienes que ser muy muy muy sincero contigo y especificar qué te impide llegar hasta ese objetivo.

Yo voy a ser sincera contigo y voy a compartir lo que a mí me pasa, mis obstáculos.

Considero que para adelgazar se necesita un plan nutricional y un plan deportivo. Mis obstáculos en mi plan nutricional son dos, uno que no siempre puedo decidir lo que voy a comer y otro que no siempre puedo comprar lo que necesito comer.

En cuanto a mi plan deportivo, mis obstáculos están relacionados con la energía: yo camino porque no tengo energía para correr y porque no tengo un entrenador personal.

Una vez establecidos los obstáculos, tienes que pensar cómo vencerlos, es decir qué vas a hacer cuando se presenten.

En cuanto a mis obstáculos personales te voy a dar ideas que voy a tratar de cumplir:

Cuando no pueda decidir mis comidas, trataré de que mi selección personal se parezca a mi dieta y trabajar con las cantidades y cuando no pueda comprar la comida que deseo comer, buscaré remedios que me permitan suplir las carencias. Por ejemplo, sembraré rúcula en una maceta y así ya tengo hoja verde para mis ensaladas… si, no te rías, que eso lo he hecho ya.

En cuanto a los deportivos, cuando me vaya a andar, trataré de llegar al mismo sitio cada vez más rápido y en algunos tramos, correré hasta que correr sea lo común y como no tengo entrenador personal, buscaré vídeos, podcast o artículos que me ayuden a ser cada vez más eficaz.

Pero todavía no hemos terminado, todavía estamos en una nebulosa vaga. Sabemos cuál es nuestra brújula, nuestro norte, que es calzar los viejos pantalones en un año. Sabemos qué es lo que nos impide conseguirlo y qué podemos hacer para lograrlo. Pero aún no sabemos qué deberíamos hacer cada día para lograr la meta establecida.

Bien, pues, si usas una cinta métrica y has decidido que vas a bajar diez centímetros, es fácil saber lo que tienes que lograr en una semana, por ejemplo: divides diez centímetros en 52 semanas así que tienes que dividir diez centímetros entre 52 y el resultado es lo que tienes que lograr cada semana…. Ahí ya nos vamos acercando.

Si lo haces con los viejos pantalones, también es sencillo: mides la distancia entre donde deberían estar calzados los pantalones (es decir, en tu cintura) hasta donde están ahora (por ejemplo en mitad del muslo) y estableces una división espacio-temporal por semanas, igual que con la cinta métrica.

Vale, ya sabes lo que tienes que conseguir cada semana. Ahora es el momento de saber qué tienes que hacer cada día para que al final de tu semana, te lleve al objetivo fijado:

Tendrás que hacer lo siguiente:

  1. Comer bien
  2. Establecer las pautas que te has fijado para sortear los obstáculos
  3. Hacer ejercicio
  4. Medir tus resultados.

 

Tus resultados serán variables. Una veces alcanzarás el objetivo y otras veces no lo alcanzarás e incluso retrocederás… pero eso no te tiene que desmoralizar. Las caídas te sirven para hacer correcciones.

Además, en el camino te encontrarás obstáculos muy difíciles de resolver y te sugiero que por un momento te olvides del norte fijado y te centres en una mini meta para que, cuando la domines, vuelvas a la meta establecida.

Por ejemplo: imagínate que el hambre te chafa todos tus planes, te traiciona, te hace caer en viejas costumbres: así que la meta ahora es aprender a gestionar ese hambre y para ello podrías hacer los siguiente

  1. Acostumbrarte a comer menos
  2. Tomar alimentos que no den bajones de energía.

Vale pues empieza por lo fácil que, en este caso es lo segundo: tomar alimentos que sean muy saciantes y por tanto no den bajones de energía ¿cuáles son esos alimentos? Pues los que siempre mencionamos: los frutos secos, las proteínas y los alimentos grasos…. Y no te preocupes ahora mismo por las calorías porque lo que tratas de hacer es reeducar el cerebro.

Te contaré algo interesante: el otro día estaba en el súper comprando y es de eso que tiene su propio horno de hacer pan y acababan de hacer napolitanas de chocolate. ¿Te puedes creer que me dio asco? Eso no me había pasado en la vida. Para mí el olor de las napolitanas era sinónimo de medicina caliente o algo así… pero aquella vez me dio asco y eso significó para mí que estaba desintoxicada, como el fumador que consigue dejar el tabaco y no puede soportar el humo de los fumadores, pues igual.

Cuando consigas que eso alimentos cambien tu forma de pensar y ya no pienses que cada cinco minutos tienes que comer porque vas a pasar hambre, es el momento de acostumbrarse a comer menos. Hay una forma muy sencilla. Échate lo que te sueles echar en tu plato y quítale el equivalente a una cuchara… verás que no hay diferencia entre una cosa y otra. Cuando pase un tiempo, quítale otra cuchara…. Así hasta que te acostumbres a tomar la mitad… y haz esto en todos los platos.

Y si la comida es de compartir, fíjate en cómo comen los demás y come un pedazo por cada dos que coman los demás, por ejemplo.

Cada uno de estos hábitos requiere acostumbrarse, son minimetas pero necesitas dominarlas si quieres el premio gordo.

Y ahora sí, empieza lo valioso:

Diseña tus cinco hachazos, es decir, piensa qué vas a hacer cada día, sin excepción, para lograr la meta fijada.

Lo que voy a hacer a continuación, es un ejemplo de lo que puedes hacer tú.

  1. Voy a poner los viejos pantalones a la vista y me los voy a probar todos los días y si he logrado algo lo voy a celebrar a lo bruto; saltando, gritando de alegría… voy a premiar a mi cerebro con vítores para que se sienta estimulado y, si no he conseguido nada o he dado un paso atrás no me voy a decir: nunca lo consigues… nada de eso, me voy a decir en voz alta: ¡Ana, tú puedes, tú eres más fuerte que esto, tú lo vas a conseguir!.
  2. Voy a centrarme en las minimetas que aún no tengo dominadas: de todas las comidas, voy a quitar una cucharada y comeré por turnos en las comidas compartidas. Cronometrándome, trataré de llegar antes a saludar a Rafaelito. Nunca te lo he contado pero Rafaelito es un algarrobo que saludo todos los días cuando llego al final de mi itinerario andando y lo he bautizado como Rafaelito. Si algún día quieres conocerlo, ven a Aguadulce y te lo presento… pero tendrás que hacer mi itinerario para conocerlo.
  3. Mi dieta elegida es el tres por uno de Frank Suárez pero voy a intentar que sea el cuatro por cero… aunque sigo pensando que debería ser cuatro más cero.
  4. En cuanto al ejercicio, voy a intentar hacer un poco más: no sólo llegar antes hasta Rafaelito sino incorporar algo más que, en este caso, van a ser mis pasos de baile para las clases de la danza.
  5. Si no puedo elegir la comida y me plantan muchas cosas que se alejan de la dieta, voy a empezar por las que más se parecen a mi dieta: la carne, el pescado y las verduras y las comeré muy despacio para que lo fastidioso quepa menos.

 

Éstos son los pasos diarios que pienso hacer todos los días: todos los días voy a hacer ejercicio, todos los días voy a hacer mejoras nutricionales, todos los días voy a animarme para lograrlo, todos los días voy a medir mis progresos… aunque esté enferma, aunque tenga sueño, aunque tenga millones de cosas que hacer… y cuando me levante, será lo primero que haga, antes que ninguna otra cosa: levantarme, ponerme los pantalones, celebrarlo o animarme y decidir cómo voy a gestionar el resto de retos a lo largo del día….

Y si me garantizo que todos los días cumplo con mis cinco hachazos, el árbol tiene que caer, fijo que tiene que caer. Y esos pantalones entrarán tarde o temprano, ya lo verás.

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

WhatsApp chat