Piensa y Adelgaza

El hambre de las mil caras

(Transcripción)

Lo que es el subconsciente. Por algún motivo estaba convencida de que había una película que se llamaba “El hombre de las mil caras”. Estaba convencida de que era una película del oeste, ni siquiera spaguetti, una de las antiguas con John Waine o con algunos de estos clásicos y de ese título tan estupendo, iba a hacer yo mi podcast de hoy. Miro en San Google para profundizar y conocer mejor la película y me encuentro con un sorpresón.

Resulta que “El hombre de las mil caras” es un título de una película española que se estrenó el año pasado. Supongo que la publicidad incrustó ese título en mi subconsciente y yo lo envolví en mi halo habitual de despiste y la ubiqué cronológicamente en otros tiempos.

Esta película la habría visto y de hecho, en cuanto salga la posibilidad de verla en la tele no me la perderé porque por fin habla de algo político de España que no sea la guerra civil. No te puedes imaginar la de libros y películas que se han hecho en estas dos décadas de siglo XXI sobre la guerra civil. Ha sido como el día de la marmota. Toda mi cultura no hablaba de otra cosa y te aseguro algo: Nunca antes se ha hablado antes y no sé por qué ahora, a la vejez viruelas,  resucitamos a tantos muertos que ya estaban enterrados….. Supongo que cada pueblo tiene su complejo y el de España es esa absurda guerra que ochenta años después (se dice pronto), está más vigente que nunca.

En los años ochenta, todos los malos de las pelis estadounidenses eran rusos y en el cine de  ahora son todos árabes.

Hace muchos años, conocí a una chica alemana y durante un tiempo estuvimos tomando cafés en la universidad. Un día le conté que había visto la Lista de Schindler y que me había encantado sin darme cuenta de que ella era alemana y me contestó que estaba harta de que el cine no hablara de otra cosa y ahora, más que en aquella época, entendí mi metedura de pata nombrándole la película.  Escribiendo esta historia me he acordado del canal Historia que, si te fijas, la única historia que le interesa es la Segunda Guerra Mundial. No hablan nada más que de eso.  ¿Alguna vez has visto un reportaje de la historia china o india en el Canal Historia? O de Finlandia, Noruega…. O de las culturas maya, inca o de los aymara, que es una cultura que a mí me fascina porque tienen una visión del mundo tan bella… No.. ¡sólo hablan de nazis!… Me pregunto si aquellos que azuzaron la guerra fueron conscientes de que muchas generaciones después, seguirían las heridas abiertas. Todas las guerras que ha habido en este planeta siguen vivas. Todas. Y muchas guerras que surgen ahora son reminiscencias de otras guerras que hubo en el pasado. ¿A quién le interesa reavivar guerras? ¿te lo has preguntado alguna vez? Y hasta aquí puedo leer, que diría Mayra Gómez Kemp porque son temas delicados, muy politizados y todavía hoy, si te posicionas estás perdido.

Pero yo no quería hablar de esto. Yo quería hablar del hombre de las mil caras.  El argumento de esta película es el de un escándalo muy famoso que hubo en España en los años noventa, el caso de los Gal, una organización antiterrorista que, en teoría tenía como fin acabar con ETA, más tarde se descubrió que muchos altos cargos del gobierno estaban involucrados en la financiación de este grupo y, como decimos aquí, se lió parda. La película habla de dos personajes enfrascados en toda esa trama, Roldán y Paesa y sus aventuras. El hombre de las mil caras, es Paesa.

Y yo pensaba que iba a hablar de John Wayne… o de Clint Eastwood como mucho… pero no.

Sin embargo, el título de esta película me venía como anillo al dedo para hablar de lo que realmente quiero hablar que es de las mil caras del hambre ¿o debería decir, la cara de las mil hambres? No lo sé. Mientras lo pienso, te explico esto de las muchas hambres.

Si estás en proceso de adelgazar, te habrás dado cuenta de que cuando dices “tengo hambre”, en realidad, puede que no estés diciendo que realmente tienes hambre. Tienes una sensación, eso está claro. Pero lo que no está claro es que sea hambre porque si comes todos los días y varias veces al día, no deberías pasar mucha hambre.

Hace mucho tiempo, una amiga de estos podcast, me envió una tabla de los distintos tipos de hambre y sobre esa idea de los tipos de hambre, yo he hecho mi propia tabla sobre sensaciones que interpreto como hambre que no son hambre pero que me llevan a comer que es lo verdaderamente importante porque te darás cuenta de que la mayoría de esas ocasiones no son hambre real, sino sólo esas sensaciones.

Lo que a continuación vas a escuchar son los tipos de hambre (sus mil caras), según Ana Isabel:

  • El hambre de acidez de estómago… para mí es la más común. Es un hambre que me da tras tomar un café o algún alimento ácido. A la media hora más o menos, siento como si el estómago se estuviera anudando. Antes saciaba ese hambre tomando un carbohidrato pero en realidad se alivia con algo alcalino como un licuado de vegetales, un yogurt lácteo o vegano que no sé si es alcalino pero a mí me funciona (me gusta de cabra con bulgaricus sin azúcar), un batido de leche de almendras con fruta, frutos secos crudos… cosas así…. o bien un agua con bicarbonato.
  • El hambre de dulce: la peor porque es muy difícil de resistir ya que es un auténtico síndrome de abstinencia. Se nota cuando de repente en casa no hay nada dulce y te descubres registrando los armarios de la cocina como un poseso. Yo recuerdo una vez que vivía en casa que me dio un ataque de esos y me puse a mirar los estantes de la cocina y de repente paro y me doy cuenta de que todas las puertas estaban abiertas, como en la película del Sexto Sentido.  Este hambre surge porque se producen bajadas de glucosa muy fuertes precisamente porque ha habido una subida previa de glucosa muy fuerte y el cuerpo, para compensar, ha lanzado una oleada de insulina que ha hecho que la glucosa baje demasiado y por eso vuelve el hambre de dulce. Estos picos son completamente destructivos, porque la insulina tiene efectos tremendos sobre hígado, riñones, tiroides… es nefasto y la mejor forma de evitarlos es evitar un exceso de azúcares o carbohidratos refinados. Personalmente he aprendido a controlar este hambre con dos técnicas, reduciendo el nivel de carbohidratos y combatiendo ese hambre con frutos secos, que es lo mejor que sacia un hambre de dulce pero como te apetecerá dulce, en vez de azúcar, lo acompaño de frutas secas. La importancia de mezclar es porque lo que verdaderamente sacia son los frutos secos y lo mejor es tomar como cuatro o cinco almendras, o nueces o anacardos, nueces de macadamia, lo que sea pero cuatro o cinco con cada fruta. De esta manera con una sola fruta has matado las ganas de dulce.
  • Hambre protocolaria: no es hambre pero es la causa de que muchas personas engordemos porque es el acto de comer porque corresponde, por ser la hora pero, sin embargo, no tenemos ningún apetito porque hemos comido mucho a medio día o hemos comido tarde o similar… es desoír completamente a nuestro cuerpo pero nuestro cerebro es incapaz de desprenderse de la necesidad de comer… aunque no existe esa necesidad sino por protocolo, porque toca.
  • Hambre de trabajo: esta es también horrible… consiste en comer mientras trabajas, mientras lees, mientras escribes…. es un hambre que me ha acompañado toda la vida. Personalmente me encanta tener un vaso de algo mientras trabajo y, claro no es hambre real, es entretenerse. Antes eran chaí, cafés con leche, unas pastas para acompañar… alimentos que a lo tonto engordan. Ahora intento que sean infusiones, agua con jengibre y limón o un chaí pero sin leche ni azúcar. .
  • Hambre de ausencia. Es algo así como “me falta algo”. No es un hambre real, es una sensación de que algo falta, y normalmente suele ser dulce lo que falta. Se produce en dos ocasiones, o cuanto te has saltado una comida porque no tienes hambre y, por tanto, te falta algo (por ejemplo si no te has comido postre) y tienes el síndrome de acción no concluida y tu cerebro se siente como desnudo, como cojo, como que le falta algo. Otras veces no es por eso pero tampoco hay otra razón que lo explique…. simplemente falta algo. Es el hambre más absurda que hay pero, como yo concluyo mis comidas con un café, lo que hago es que me tomo un café o una bebida que pueda sustituir el efecto psicológico del café que, en mi caso sólo puede ser un té o un mate. Por eso es tan difícil para mí dejar el café.
  • Hambre de frío: no tienes hambre, lo que tienes es frío y sabes que sólo con una bebida bien caliente podrás calentar el cuerpo. Normalmente necesitas algo salado. Lo mejor, un caldo, imaginación al poder pero cuantos menos ingredientes, mejor.
  • Hambre de sed: que no tienes hambre, lo que tienes es sed. Este hambre la incluyo por si te pasa a ti. La leí una ve en una revista de estas del tipo “Saber Vivir” o similar que decía que detrás de la sensación de hambre, lo que a veces se esconde es una deshidratación.  Yo creo que  a mí no me pasa pero yo no soy el centro del universo, así que puede que a ti sí te pase.
  • Hambre de película: es cuando asocias a comer con otra tarea. Es lo mismos que el hambre de trabajo pero asociado a momentos de ocio. Yo lo arreglo con agua pelada y mondada o saborizada con trozos de fruta o con jengibre y limón. El agua con jengibre y limón es perfecta para cuando bebes o comes por protocolo o para relajarte como el típico que se echa el whisky para relajarse después del trabajo… pues tomarse un agua de jengibre es lo mismo. Tiene el mismo efecto sin necesidad de emborracharse. Es un truco perfecto para cuando aún nunca has bebido… si has bebido no puede ser sustituto porque lo que te pide el cuerpo es el efecto del alcohol. En ese caso a lo mejor puede ayudar una tila. Afortunadamente no soy de whiskis y por tanto no tengo que enfrentarme a ese problema.
  • Hambre de sabores: por supuesto no es un hambre real. Sucede cuando quieres probar todos los alimentos que hay disponibles aunque revientes. Es un hambre… bueno casi no merece la pena llamarla hambre, es bribonería, gula… ésta sucede cuando estás en un buffet, un tipo de restaurante que deberías evitar a toda costa porque siempre comerás más de lo que necesitas sólo por la agonía de saborear todas las comidas.
  • Hambre alcohólica: el alcohol nunca es una ayuda para adelgazar. Si piensas adelgazar intenta abandonar el alcohol porque los beneficios que se le atribuyen, en realidad, los tienen muchos alimentos y en cambio los perjuicios son muchos y el peor de ellos es que abre el apetito. Como te pases un poco, te destruye las alarmas de saciedad y comes sin freno, como un loco. Cuántos kilos nos habríamos ahorrado si no bebiéramos alcohol.
  • Hambre de combinación perfecta: es cuando no puedes comerte un alimento sin otro. Por ejemplo los binomios que siempre te digo: queso y vino, café y bizcocho, pan con embutidos… la mejor manera es aprender a comerlos por separado y eliminar el más perjudicial que para mí es el carbohidrato: sólo queso, sólo café y sólo embutidos o de este binomio mejor ninguno de los dos, no por la grasa del embutido sino por las mierdas que le echan y te enumero: lecitina de soja, proteína de leche, fécula de patata, por supuesto, conservantes, glutamato, colorantes (¿cochinilla quizá?)…en fin, nunca me han gustado mucho pero ahora menos que nunca.
  • Hambre compañera: es la que peor llevo que es cuando tu compi se está comiendo algo que tú quieres dejar de comer. Cada día tengo más fuerza pero aún sigo cayendo.
  • La puñetera hambre del mundo o el síndrome de acabar el plato.… es la que más me ha hecho daño porque ha sido una absoluta falta de respeto de los adultos de mi niñez. A los niños no se les debe obligar a terminarse los platos. Los niños tienen derecho a no querer comer hasta el fin la, y menos culpándole del hambre en el mundo. Es la mierda que yo me he tragado, literalmente, porque ahora me cuesta horrores dejar un plato a medias y hay un problema con eso. Tú cuando te echas en el plato, tienes hambre o bien porque llevas horas sin comer o bien porque tienes hambre de protocolo (porque toca) y siempre te echas más de lo que te comerías… pero como no quieres ser culpable del hambre del mundo te lo comes hasta el final y creo que además no hay cosa más absurda que ese pensamiento. Comérselo todo porque hay niños que pasan hambre.  Si nos hubieran respetado, en veces de lamer platos habríamos aprendido a echarnos la cantidad que necesitamos en vez de reventar, nuestras madres habrían cocinado menos cantidad o congelado una parte, habríamos aprovechado mejor la comida y no habríamos hecho tanto gasto en comida.
  • El hambre lícita, es decir, el hambre de no haber comido en horas, un hambre que viene porque llevas mucho sin comer y la reconoces porque todo te parece rico, hasta las cosas que despreciarías en cualquier otro momento, te la comes y te parece el manjar más rico del mundo. Ésta es el hambre legítima, el verdadero hambre. Todas las anteriores son irreales y ésta es la única real. Bueno, lo que acabo de decir es una tontería porque todas son reales pero las anteriores digamos que son hambres que no se arreglan con comida sino con cabeza.
  • El hambre de fuerza frente a las personas. Esta es mi verdadero punto débil. Ahí es donde verdaderamente caigo, donde no puedo ser fuerte, donde pierdo la batalla.  Personalmente considero que mi obesidad se ha debido a dos grandes obstáculos. El primero ha sido la ignorancia. Es ahora, en este presente, donde empiezo a comprender cómo debería haber comido. El resto del tiempo, las pocas oportunidades que he tenido de elegir lo que como, no las he aprovechado por falta de ignorancia.  El segundo obstáculo es mi incapacidad de ser firme cuando la gente me pone trampas porque yo sé que el problema no es de los demás, el problema es mío. No sé hacerme respetar, imponer mis deseos sobre lo que quiero comer en cada momento y sobre lo que no quiero comer. A lo largo de mi vida me he visto envuelta en hábitos alimenticios que yo no deseaba. No sé qué hacer cuando me ponen un plato en la mesa que no quiero comer. Odio discutir pero también odio tener que comer lo que no deseo y no poder elegir lo que quiero para mí. Y sí, tienes razón, ya soy mayorcita.

El otro día hablaba esto con una amiga y me dio una gran solución que en breve voy a tener la oportunidad de probar. Ambas decidimos llamarla “la lucha silenciosa del esclavo” que consiste en hacer ver que comes sin comer.  No voy a explicar cómo hacerlo porque no sé si todas las personas que escuchan estos audios están en mi situación y mi situación es muy clara: peso de más y quiero elegir lo que como de una forma saludable apostando por una alimentación mejor apoyada sobre proteínas de calidad, grasas saludables, mucho verde y pocos o ningún carbohidrato refinado pero no sé si quien me escucha tiene mi mismo objetivo y no voy a ponerle las cosas fáciles si lo que quiere es a aprender a parecer que comen pero sin comer favoreciendo su anorexia.

Lo que trato de decir, es que el truco para luchar contra lo que no puedes está en buscar la solución sin luchar de frente.

Es muy parecido a lo que yo les digo a las personas que sufren maltrato: como de todas formas se va a enfadar, como de todas formas, siempre te la va a montar, siempre te va a hacer daño, hagas lo que hagas, entonces haz lo que tienes que hacer pero sin que se entere, hazlo en secreto. Las mujeres sabemos mucho de esto porque nos hemos encontrado con muchas prohibiciones en nuestra vida. Lo que no puedes hacer por delante, hazlo por detrás…. Pero hazlo.

Te voy a dar un truco de bar: miras lo que hay en la tapa…. ¿se parece a tu idea de dieta? Si es que sí, come tres trozos por cada sorbo (el 3×1 de Fran Suarez que es mi idea de dieta) porque bebas lo que bebas, como no sea agua con gas, me temo que es un alimento insano, incluso aunque sea cerveza sin alcohol que yo diría que no es insana pero es una bebida basada en un cereal así que, carbohidrato, seguro. Si no es tu idea de dieta, te vas al baño con el bolso, sacas los anacardos crudos que tienes escondidos, te atiborras, vuelves a la barra y te bebes sólo la bebida pero lo más lento que puedas y la tapa se la das al churri y así no tienes que discutir con nadie de lo que no quieres comer.  Fiesta que vayas, tus anacardos, tus almendras y mata tu hambre con tranquilidad no con panes ni dulces ni nada de eso y come sólo lo proteico y lo verde y lo demás… es que estás lleno y no puedes más. Y sobre todo, intenta no beber alcohol porque entonces estás perdido, todos tus trucos se irán a la porra.  Supervivencia de esclavo, no te olvides.

 

 

 

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