Piensa y Adelgaza

La peluca de Bruce Willis

Transcripción:

Esta semana he tenido una revelación, he descubierto uno de mis despistes  y además he recuperado algo perdido.

Empezaré por el despiste. Resulta que me he dado cuenta de que tenemos dos capítulos 65 de Piensa y Adelgaza (en realidad es 64)… no os asustéis por eso, es que soy tremendamente despistada. Yo he nacido para tener a un profesional al lado que me libre de mis despistes pero como no puedo permitírmelo, no tengo más remedio que alertar a los demás cada vez que descubro uno de mis gazapos pero siempre digo lo siguiente: “Soy muy despistada, menos mal que lo suplo con simpatía, inteligencia y modestia… sobre todo modestia”.

En cuanto a ese algo que había perdido, resulta que es mi gusto por nadar. Ayer mi chico me regaló unas gafas para nadar y me ha devuelto la luz. He descubierto que me vuelve a gustar zambullirme una y otra vez en el agua ahora que puedo ver y que no ando a ciegas con miedo a darme golpes o a que se me irriten los ojos.

Y en cuanto a mí revelación… resulta que ya sé cómo podría funcionar la biciglobo e incluso cómo podría montarse en plan casero. Necesitaré, eso sí, uno que entienda de ciencia, porque eso no es lo mío para que me diga si es viable o no.

Consiste en poner un calefactor eléctrico sobre una estructura que va incorporada en la biciglobo y que permite que nos coloquemos debajo del calefactor. Evidentemente, el calefactor  queda dentro del globo para que vaya calentando el aire. Dicho calefactor queda enganchado a la bici a través de la rueda que tiene conectado una dinamo. Así, mantendremos el calefactor encendido mientras pedaleamos y de esta forma, se caliente el aire que hincha el globo. Que queremos que suba mucho la bici… pedaleamos más rápido. Que queremos bajar lentamente, paramos de vez en cuando, se apaga el calefactor y bajamos lentamente. Dado que es el aire caliente lo que hace subir un globo… entiendo que no necesitas un gas raro. Si tienes un calefactor que emite aire caliente sería suficiente. Ahora bien… ¿cuánta fuerza o rapidez necesitaría para mantener el calefactor funcionando? Ahí es donde salgo yo y debería entrar el científico pero a lo mejor hay alguna manera de potenciar la energía de una pedaleada para que sea fácil mantener el calefactor funcionando…. ¡os lo tengo masticadito! Ya solo hace falta que la montéis y me regaléis una.

¡Los sustitutos! (sí, ya sé, ésa no era la palabra, eran los diminutos, dibujos animados, por cierto, que también revelan mi edad y que he descubierto que algunos capítulos se pueden ver por internet. ).

No, no es de los diminutos de quien quiero hablar, sino de los sustitutos. Cuando pensé en esta palabra estaba convencida de que había una película que se llama así, los sustitutos. La busqué y sí, la hay y la protagoniza Bruce Willis y tengo que confesar algo. Pese a que para mí Bruce Willis es uno de mis actores preferidos por su atractivo, por su sex apeal, por su preciosa calva y porque es garantía de buena película si él la protagoniza… el caso es que pierde considerablemente con una peluca rubia. Lo pierde todo, el encanto, el sex apeal, lo de la calva no digamos… todo.

“Los sustitutos” es una película que narra un futuro en el que las personas ya no interaccionan en carne y hueso sino a través de unos robots perfectos y bonitos que les sustituyen (de ahí la palabra sustitutos), y hacen todas las tareas por ellos.  La crítica no ha sido muy alentadora de esta película y la verdad es que hay que reconocer que, entre todas las películas de Bruce Willis, “Los sustitutos” pasan sin pena ni gloria pese a que, como he dicho antes,  el actor es garantía de éxito de la película.  La verdad es que no se puede mantener el nivel de calidad alto o muy alto siempre. A veces uno baja la guardia y quizá esta sea una de esas veces.

Por esa misma razón, igual que “Los sustitutos” como film se convierten en  una mala idea narrativa, los sustitutos como alimento posiblemente también sea una mala idea y de eso vamos a hablar hoy, de los sustitutos.

Primero tendré que explicarte a qué me refiero con sustitutos.  Para mí, los sustitutos son, por un lado lo que las industrias te proponen como sustitutos a unos alimentos que no quieres comer y, por otro, lo que te propones a ti mismo.

Hablaré, sobre todo, de los sustitutos del azúcar pero no debes aplicar lo hablado sólo en estos sustitutos ya que hacemos sustituciones de muchos alimentos como las carnes, las grasas, los alimentos que no podemos tomar por algún motivo, me estoy acordando por ejemplo de los celíacos….

Y en todo esto mi chico tiene razón en una cosa.  Él dice que no entiende a los veganos porque los veganos quieren comer alimentos vegetales pero lo que hacen continuamente es inventar alimentos de sustitución de alimentos puramente carnívoros. Así existen patés vegetales, filetes de carne de proteína de soja,  quesos y yogures hechos con frutos secos,  etcétera y en parte tiene razón pero en parte también tiene sentido que existan esas sustituciones.

La mayoría de las recetas que conocemos del día a día tiene una serie de alimentos que no sabríamos hacer si no tuviéramos un sustituto adecuado para esos alimentos.

Personalmente,  a mí me encanta sustituir la pasta de los macarrones y espaguetis con calabacín y el resultado es un calabacín salteado con una salsa boloñesa que no tiene nada que envidiarle a los espaguetis (¡me encanta!)  y que se ha convertido en un excelente sustituto de las pastas para mí pero eso no ocurre con la mayoría de los sustitutos. En realidad, se trata de opciones frustrantes que no llegan ni de coña a saber igual que el alimento que pretenden emular. Hace unos meses vi una receta de cómo hacer un queso vegano con frutos secos y la chica que lo hacía aseguraba que se quedaban exactamente igual que el queso… bueno pues ya te lo digo yo, ¡de eso nada!

Muchas veces hacemos sustituciones pensando que los alimentos que estamos comiendo son una alternativa adecuada y por lo tanto los tomamos con la misma libertad que lo haríamos si no fuera la alternativa adecuada.  Cuando han pasado una semana, si vemos que nuestro peso no varía nos preguntamos por qué y posiblemente sea porque ese famoso sustituto no esté ayudando en absoluto y ahora te voy a poner unos ejemplos.

Las galletas. Cuando yo empecé mis primeras dietas, la publicidad y los nutricionistas nos convencían de que el único inconveniente que tenían las galletas era el azúcar así que yo no hacía nada más que comprar unas galletas sin azúcar y tomarlas a diestro y siniestro pensando que lo estaba haciendo bien. Éste es un error que he arrastrado muchos años y que ha impedido durante todos estos años no solamente que adelgazara de una manera eficiente sino que además ha formado parte de mi progresiva y creciente obesidad.

Hace unas semanas, descubrí que algunos edulcorantes generan un efecto sobre el organismo similar al del azúcar. Como sabéis,  lo que determina o, mejor dicho, lo que siempre ha determinado la idoneidad de un endulzante para un diabético, por ejemplo, (y que además se ha incluido en la información de los envases y los productos y se ha comercializado como tal),  ha sido el índice glucémico y en el libro te hablo de eso.  El índice glucémico se ha considerado la única circunstancia que afectaba a los diabéticos y a su nivel de glucosa en sangre y por tanto era lo único que se consideraba a la hora de indicar si un endulzante era adecuado o no.

Pues bien,  se ha descubierto que aunque un endulzante tenga un bajo  índice glucémico,  puede estimular la secreción de la insulina como si fuera un azúcar.

Esto implica dos cosas,  la primera de ellas es que si hay insulina y no hay azúcar se produce una bajada de glucosa importante y si eres diabético,  la toma de un edulcorante podría suponerte una bajada y azúcar en sangre y, por lo tanto, mareos, desmayos, etcétera… además de una inestabilidad importante.

Por otro lado, las personas que toman edulcorantes pensando que no están tomando azúcar,  lo que no saben es que tienen elevados índices de insulina en sangre y esto le provoca,  por un lado obesidad y, por otro lado, resistencia a la insulina lo que también se traduce en obesidad. Además, una insulina elevada en el tiempo,  tal y como lo hablamos en audios anteriores,  implica una alteración de la tiroides del hígado y de los riñones y, si afecta a la tiroides, pues engordamos como consecuencia del hipotiroidismo. Con lo cual, se convierte en una bola que siempre va a más.

Lo poco que sé sobre qué edulcorantes estimulan la secreción de insulina y no, creo recordar que casi todos los edulcorantes tienen ese efecto y que hay algunos que no, como por ejemplo la sucralosa;  pero de este dato desconfía porque es lo que recuerdo de haber leído en alguna parte y por lo tanto desconozco sí es cierto, si viene de una fuente adecuada y si te puedes fiar (de mi memoria).

Así pues, volvemos al tema de los sustitutos, y nos encontramos con que los sustitutos del azúcar, peligroso. Los sustitutos de las galletas y bizcochos, peligroso.

Buscamos sustitutos porque somos adictos, ni más ni menos.  personalmente las sustituciones que más trabajo me han costado han sido las del azúcar y las de los lácteos. De hecho, estos segundos todavía no los he superado. El otro día escuché una idea qué me hizo pensar mucho.

Como sabéis, en cuanto los lácteos hay muchas formas de tomarlo. Por un lado está la leche directa, que  aprendí a sustituir por leches vegetales o bebidas vegetales hechas con cereales o frutos secos (que no es nada recomendable comprar en el supermercado porque, cómo tratan de parecerse a la leche, le echan endulzantes que sobran y lo hacen así porque, si no, no podrían venderlo).

Dile a una persona que lleva toda su vida bebiendo leche con el café,  que lo sustituya por una leche vegetal o bebida vegetal.  Como no esté buena no será efectiva la sustitución. Pero las bebidas vegetales son una gran sustitución que cuando te acostumbras ya no te apetece beber leche porque te resulta muy indigesta y pesada  y más o menos está asumido. Sin embargo la sustitución de otras alternativas a yogur y el queso todavía, desde mi punto de vista,  dejan mucho que desear.

Yo soy una persona alérgica que con el tiempo ha desarrollado una especie de alergia cutánea a no sé qué cosa (porque ni siquiera me he molestado en saberlo y medirlo) y dicen que la leche es causa de muchas alergias.  Una vez, una clienta del herbolario me comentaba que ella tenía fibromialgia y cuando se quitó la leche le dejaron de temblar las manos. Siempre he querido conocer si existe un beneficio al retirar la leche de la alimentación y todavía hoy os puedo decir que me ha sido imposible asegurar si existe o no ese beneficio porque todavía no he podido quitar los lácteos de mi vida.  A lo máximo que he llegado es a tomar lácteos de cabra y oveja,  cosa que no me ha permitido discernir la diferencia entre una vida con lácteos y sin lácteos.

Fran Suárez, mi gurú de nutrición preferido,  comenta que el queso y el yogur,  forman parte de los alimentos  que él llama “a”,  es decir alimentos que adelgazan a diferencia de la leche directa que lo considera “e” porque engorda.  La diferencia entre una cosa y otra está en la lactosa, el azúcar natural de la leche que desaparecen el proceso de fermentación.

Sin embargo,  los detractores de la leche, no observan sus motivos solo en la lactosa sino en otras circunstancias como por ejemplo,  lo niveles de  caseína qué es una proteína responsable de la acumulación de mucosidad en los pulmones y que dicen tener relación con las alergias.

Recientemente escuche una idea que me hizo reflexionar sobre el tema de los yogures. Se dice que los Lactobacillus son alternativas saludables para la flora intestinal y de hecho se han comercializado con el fin de que la gente los consuma, llene su intestino de  poblaciones de estos probióticos y así aumentan sus niveles de defensa y otras muchas cosas más que están relacionadas con la flora intestinal. Pues el caso es que escuché decir hace poco a una persona que los Lactobacillus son microorganismos que no son naturales a la flora humana sino que ésta tiene sus propios microorganismos y levaduras  que no estamos dejando proliferar sí continuamente estamos añadiendo Lactobacillus y me hizo pensar.

Y es que una cosa sí es clara.  Cuando necesitamos un sustituto de algún alimento es porque no podemos prescindir del original y queremos algo que nuestro cerebro note como ausencia.  La sustitución de los lácteos, la sustitución de los azúcares, la sustitución de las proteínas, la sustitución de las harinas…..todo eso son dependencias cerebrales a cubrir. ¿Se te ha ocurrido pensar en ello?

La manera en la que yo aprendí a vivir sin azúcar, al principio hacía eso, sustitución. Pero la época en la que yo empecé a hacer sustituciones del azúcar, el aspartame no era una opción porque no existía ni se comercializaba.  Cuando yo hice mi primera dieta, lo que existía era la sacarina y no hay cosa más asquerosa que la sacarina.  Así que me acostumbré a tomar bebidas sin azúcar y sin sacarina.  desde hace más de 20 años todas las bebidas del desayuno, café, de, infusiones….  todas las tomo sin nada.

Pero había cosas que aun así necesitaban dulzor y eran sobre todo los postres, las galletas, los bizcochos….Un día hice un bizcocho sin nada, sólo con la harina de avena y con unas cuantas pasas y descubrí que estaba bueno igual porque cuando a algo no le echas azúcar no se vuelve salado.  En realidad sigue estando dulce lo que ocurre es que tiene menos el dulzor. Me di cuenta de que el objetivo de dejar el azúcar no es sustituir el azúcar con algo si no acostumbrarse a los sabores. Es decir, para dejar un alimento insano hay que acostumbrarse a vivir sin él.  Es la forma más efectiva en la que no vuelve a entrar en tu vida porque somos seres de costumbres,  nos volvemos adictos a todo,  tenemos el café de la mañana, el café del mediodía…. cuando dejamos de tomar un alimento y logramos tomar otro en sustitución nos volvemos a tan adictos a ese otro como lo éramos antes al primero.

Mi cerebro me pide postre. he conseguido que en vez de pedirme postres dulces, me pida un postre neutro cómo puede ser frutos secos, últimamente coco rallado…. pero todavía sigue siendo una costumbre que mi cerebro me reclama día tras día.

Tener un cerebro que se agarra a costumbres es un inconveniente y es una ventaja también porque cuando tus costumbres son sanas te lleva indefectiblemente hacia la salud. Por eso siempre digo que lo importante no es la dieta sino los hábitos y que cuando un hábito cuesta tanto trabajo eliminarse hay que enfocarse en este hábito hasta conseguirlo,  pero no utilices sustitutos. En realidad, un vegano no necesita una hamburguesa de lentejas. no necesitas hacer una sustitución de algo a lo que estabas acostumbrado, lo que necesitas es introducir una dieta diferente. Si eres un obseso de los lácteos como yo, no necesitas sustitutos que parezcan yogures o quesos. Lo que necesitas es incorporar otros alimentos diferentes que se conviertan en grandes alternativas de tus lácteos. Un ejemplo de ello es mi yogur de la mañana.

Durante estos podcast te habrás dado cuenta de que yo he compartido contigo todos los sustitutos que he hecho en todo este tiempo desde que nos conocemos con respecto a los alimentos que son para mí difíciles de sortear.  Yo tenía un problema y es que por las mañanas no podía tomar sólidos porque mi banda gástrica no me permitía tomar sólidos. Eso me ha hecho acostumbrarme a beber líquidos por la mañana y todavía sigo bebiendo líquidos porque llevo 4 años haciéndolo.  Para intentar tomar proteínas en la mañana que me permitieran tener un desayuno  sin insulina, empecé tomando, lo recordarás, merengues edulcorados que además utilizaba como postre,  pero como era imposible acostumbrarse a un merengue (al menos para mí) que no llevara azúcar ni ningún tipo de endulzante, opté por el yogur que si me permitió acostumbrarme a su sabor ácido. Ahora que cuestiono nuevamente el papel del yogur, me pregunto cuál es el camino a seguir pero una cosa es cierta, no pueden ser sustitutos, tienen que ser alternativas completamente diferentes como cuando añades una receta a tu vida porque te gusta.

Sustituimos porque no investigamos. Hacemos sustituciones porque cocinamos muy poco, porque no descubrimos sabores nuevos, porque no experimentamos nuevas recetas… hacemos una hamburguesa de lentejas porque no nos preocupamos por experimentar una ensalada de lentejas. o unas lentejas salteadas… es decir, una alternativa.

Si eres celíaco, lo primero que harás es irte a un herbolario o tienda especializada para comprar todos los sustitutos de todos aquellos alimentos que comías pero que estén hechos con harina carente de gluten. Sin embargo deberías comprender que ser celíaco, o adquirir una intolerancia alimenticia, es una oportunidad para enriquecer tu dieta, no para sustituirla. No porque le pongamos una peluca rubia a Bruce Willis, éste va a estar más guapo.

Así pues, sí  tienes que eliminar un alimento de tu vida porque está dañando tu salud, no busques un sustituto.  Añade comidas nuevas, alimentos nuevos, formas nuevas de cocinar. Acostúmbrate a vivir sin  ese alimento, ése es el objetivo, que tus papilas gustativas se estimulen con opciones nuevas, diferentes, que no conocías antes… pero no busques el eco de algo que ya nunca será lo mismo.  Te lo aseguro, los quesos veganos son frustrantes. es mejor vivir sin queso y aprender y a conseguirlo…. a menos que la sustitución mejore el alimento como en el caso del calabacín a la boloñesa, que está 100000 veces más bueno que los espaguetis, ya te lo digo yo.

 

 

 

 

 

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