Artículos sobre el acto de escribir

La metáfora y sus dos manos

Siempre digo que una metáfora tiene que tener una mano agarrada al cielo y otra agarrada al suelo para que tenga fuerza. Con esto quiero decir que el lector debe hacer un viaje semántico entre el objeto descrito y la metáfora utilizada y este viaje debe ser sin sobresaltos, deslizándose suavemente entre los dos términos como, por ejemplo, las “risas de plata nueva” de uno de los poemas de Federico García Lorca.

Risas de plata nueva

Risas de plata, ojos de cielo, una cascada de hilos de plata, el sol derrama oro líquido sobre las laderas…. todas estas metáforas permiten comprender la intensidad que la imagen proporciona al concepto de sol, de risas, ojos, cascada… aportan belleza, deleite y emociones dispares que permiten disfrutar más de un texto. La metáfora es el recurso que se escapa de lo que una simple cámara puede ofrecer. Podemos decir que en nuestro escenario hay un río o bien podemos decir que hay una serpiente que se desliza suavemente sobre las rocas ofreciendo al lector la oportunidad de recrear en su imaginación la imagen que le ofrecemos.

Si la metáfora está demasiado en el cielo, es decir, que se mantiene demasiado tiempo en la imagen recreada, puede prestar a confusión. En el ejemplo de la metáfora de Lorca, “risas de plata” estaría demasiado en el cielo si de las risas usara otro recurso como, por ejemplo, castañeo alegre de plata, o de la plata utilizara otro concepto más inconexo, como por ejemplo risas de mercurio liofilizado, del que no podríamos extraer si el escritor trata de exponer la belleza de esas risas o es una ironía. Y deben tener una parte agarrada en el suelo para que ese contraste sea realmente hermoso. No hay más que leerlo: risas de plata. Si digo, risas de hueso, por ejemplo, todavía no hemos volado. La metáfora acentúa la emoción de la imagen: ejército de cadáveres, dunas de agua, el manto de luz que envuelve….

Metáfora de situación

La metáfora de situación, en vez de comparar conceptos, compara situaciones. Es un recurso muy interesante en narrativa porque permite exponer mediante la metáfora lo que quizá no deseamos indicar de forma directa.

Un ejemplo de esto sería el de hablar de una situación política describiendo, por ejemplo, un partido de fútbol. O hablando del estado de salud de un enfermo, podemos compararlo con el estado de las flores que tiene en el jarrón de la mesilla de noche o comparar la vida con la carretera. Se trata de situaciones que pueden hacer de espejo ante aquello que verdaderamente queremos contar.

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